16.1.14

Negar las atrocidades nazis

Me han preguntado en varias ocasiones sobre el movimiento neonazi de negación del holocausto y sobre algunos mitos como la famosa lámpara de piel humana o el jabón con grasa humana.
El holocausto es el asesinato sistemático de entre 11 y 17 millones de personas: (judíos, gitanos, prisioneros de guerra, homosexuales, discapacitados, civiles de países ocupados, testigos de Jehová y disidentes políticos) no beligerantes perpetrado por los nazis con la intención específica de exterminarlos.

Algunos acusados en el juicio de Nüremberg. De izq. a der., 1ª fila: Hermann Göring, Rudolf Hesse, Joachim von Ribbentrop  y Wilhelm Keitel. 2ª fila Karl Dönitz, Erich Raeder, Baldur von Schirach, Fritz Sauckel. (Foto DP vía Wikimedia Commons)
Hay muchísimas evidencias que llenan libros enteros, pero la que a mí me parece absolutamente contundente es que los criminales nazis no negaron los crímenes. Ni los grandes  jerarcas que se estaban jugando la vida en los juicios de Nüremberg, y en más de 20 juicios más antes y después de Nüremberg, ni los testigos, ni los participantes en este genocidio sistemático, ni sus defensores, se atrevieron a afirmar que el crimen fuera inexistente o siquiera exagerado, ya no digamos que intentaran probar tal extremo.

En resumen: los que cometieron el holocausto lo admitieron.

Aceptaron que el programa de exterminio había ocurrido porque allí estaban las pruebas, incontrovertibles, contundentes, frescas, de modo que su tibia defensa fue que "no se habían enterado de lo que estaba pasando" (palabras de Albert Speer, Alfred Rosemberg usó la misma defensa), o que no era su responsabilidad (Hans Frank dijo que todo el exterminio en los campos bajo su responsabilidad en Polonia estaba a cargo de Himmler), o que trataron de evitarlo proponiendo medidas "humanitarias" como la esterilización masiva (Wilhelm Stuckart), o bien que no se enteraron sino hasta el discurso de Posen de Himmler en 1943 (August Frank, administrador económico del Reich hasta 1943), o que eran impotentes ante la situación pese a ser poderosísimos (Hermann Goering), e incluso que "cualquier código personal de ética debe rendirse al carácter total de la guerra" (Karl Brandt)... y hubo gente como Irma Grese que después de reconocer su papel en la selección de presos para las cámaras de gas, trasladó la responsabilidad a Himmler.

Rudolph Höss en el juicio donde admitió todo lo que
los neonazis pretenden negar.
(Foto D.P. vía Wikimedia Commons)
Son notables los testimonios de quienes estuvieron a cargo de los campos, como Rudolph Höss, comandante de Auschwitz de 1940 a 1943. En su declaración, detalló cómo experimentó con distintos venenos para hacer más eficiente la matanza hasta poder matar a 2.000 personas por hora (lo que era problema era quemarlos, declaró).

En su autobiografía relata que, cuando en el verano de 1941 Hitler le dio la orden de "preparar las instalaciones en Auschwitz donde tendrían lugar las exterminaciones masivas, y que personalmente llevara a cabo las exterminaciones, no tenía la más ligera idea de su escala o de las consecuencias. Ciertamente era una orden extraordinaria y monstruosa. Sin embargo, los motivos detrás del programa de exterminación me parecían correctos".

Para más precisión, el 5 de abril de 1946 declaró "Comandé Auschwitz hasta el 1º de diciembre de 1943, y calculo que al menos 2.500.000 víctimas fueron ejecutadas y exterminadas allí con gases y quemadas, y al menos otro medio millón sucumbió al hambre y las enfermedades, haciendo un total de unos 3.000.000 de muertos". Curiosamente, las cifras de Höss hoy se consideran exageradas, probablemente estaba tan orgulloso de su trabajo que las infló para hacer brillar su imagen como exterminador ante la historia.

Orgulloso estaba también Fritz Klein, médico de Bergen-Belsen, que dijo "Mi juramento hipocrático me dice que extirpe el apéndice gangrenoso del cuerpo humano. Los judíos son el apéndice gangrenoso de la humanidad. Por eso los extirpé". Y está la declaración de Alfred Trzebinski, supervisor de crueles experimentos médicos, de que los niños a los que ejecutó eran "sólo judíos", como si eso hiciera menor la atrocidad.

Adolf Eichmann en su juicio, antes de ser
sentenciado a la horca.
En 1961, cuando el encargado de las deportaciones de judíos, Adolf Eichmann, fue apresado en Argentina y llevado a juicio, declaró explícitamente que no negaba los hechos del holocausto, sino que simplemente había actuado "siguiendo órdenes".

Admitió también, después de intentar negarlo, que en 1945 dijo: "Saltaré a mi tumba riéndome porque la sensación de que tengo cinco millones de seres humanos en mi consciencia es para mí una fuente de extraordinaria satisfacción".

Más adelante, ya condenado, en correspondencia privada lamentó que no hubieran cumplido la misión de matar a 10,3 millones de judíos, el número total que había en la Europa ocupada.

Lo mismo pasó en otros juicios puntuales como el de 1996 de Erich Priebke, quien aceptó sus crímenes como capitán de las SS en Roma, pero rehuyó la responsabilidad diciendo también que "seguía órdenes", y apenas en 2012 con el nazi húngaro Laszlo Csatary ocurrió lo mismo su defensa no fue "eso no pasó", sino "yo seguía órdenes".

Tenemos el testimonio de los victimarios, el testimonio de las víctimas (los sobrevivientes, algunos destacados como Primo Levi o Elie Wiesel, pero sobre todo de miles más), el testimonio de los soldados que liberaron los campos, las cámaras de gases, las facturas de Bayer por el gas Zyklon B, las facturas y diseños de los hornos crematorios industriales de Topf e Hijos para quemar miles de cuerpos al día, la desaparición de millones de judíos y gitanos de Europa, la actitud declarada del nazismo hacia quienes consideraban "inferiores"... datos para aburrir. Datos contundentes. De hecho, el genocidio nazi es uno de los crímenes mejor documentados de la historia, en parte por la minuciosidad burocrática de los nazis, que registraron en documentos cuidadosamente quién entró a los campos, quién fue destinado a morir como trabajador esclavo y quién era exterminado de inmediato, sus pertenencias, etc.

Crematorio II de Auschwitz, diseñado, como los de Gusen, Buchenwald, Belzec, Dachau y
Mauthausen por la empresa Topf e Hijos. El diseñador de los hornos, Kurt Prüfer reconoció
saber desde 1943 que en estos hornos se quemaban cuerpos de inocentes liquidados
en las cámaras de gas adjuntas. El dueño de la empresa, Ludwig Topf, se suicidó en 1945.
Junto a esa multitud de datos, fotos, relatos, confesiones, documentos, etc., está un grupo marginal de neonazis que desde la década de 1960 dicen "eso no ocurrió". Es tan descabellado como decir que no ocurrió la conquista de las Galias por parte de César (de hecho, probablemente hay más pruebas del holocausto que de la conquista de las Galias tal como la contó César). Desde entonces se aprovechan de la ignorancia que mucha gente tiene respecto de la historia, de la distancia en el tiempo que erosiona el recuerdo y hace más increíbles las monstruosas atrocidades cometidas, de la sobresimplificación de los hechos y del victimismo, más una buena dosis de conspiranoia. Un buen ejemplo de negacionista es Ernst Zundel, abiertamente nazi, que también difundió la idea de que los ovnis vienen del centro de la tierra, porque nuestro planeta es hueco y a él huyeron los nazis con sus ovnis. El nivel de credibilidad es el mismo.

Los mitos convenientes

Sobre lo contado respecto del holocausto... el problema es que la realidad (ya de por sí atroz) ha sido mitificada por medios sensacionalistas, pero eso no significa que la historia, como disciplina, consigne esos mitos. Dos ejemplos: las lámparas de piel humana y el jabón hecho con grasa humana.

¿Hubo lámparas con piel humana? No hay pruebas de ello así que no se puede afirmar. Ningún historiador lo afirma, sólo aparece en el imaginario popular y en el periodismo malo.

La historia de las lámparas se contó alrededor de la brutal Ilse Koch, esposa de Karl-Otto Koch, comandante del campo de Buchenwald hasta 1943, de la que se decía que gustaba de guardar "recuerdos humanos", especialmente trozos de piel humana con tatuajes y hubo una leyenda de que con tales pieles se hizo la pantalla de una lámpara.

Existen en el National Museum of Health and Medicine (NMHM) y los National Archives (NA), órganos humanos preservados y 6 trozos de piel humana curtida con tatuajes que se encontraron en Buchenwald. Se tienen testimonios de que el propio Karl-Otto Koch ordenó a los guardias del campo que suspendieran su práctica de regalarse "souvenirs" humanos, como serían trozos de piel y cabezas reducidas.

Pero nunca se ha encontrado una pantalla de lámpara hecha de piel humana y no hubo pruebas de que en poder de Ilse Koch (detenida cuando ya no era oficial a cargo del campo) hubiera ni lámparas ni piel ni recuerdos humanos. Pero esa acusación no formó parte de los cargos contra Ilse Koch, a quien se acusó primero de participar en un plan criminal para realizar los asesinatos de Buchenwald. La lámpara vendría a ser un mito sobre las bases reales de souvenirs siniestros entre los guardias del campo.

Otro mito es el jabón con grasa humana. Hay datos de que, bajo las órdenes de Rudolph Spanner en Danzig, en los últimos meses de la guerra se experimentó con grasa humana de las preparaciones anatómicas para hacer jabón con el cual limpiar algunas cosas en el instituto anatómico, y hay testimonios prestados ante el Tribunal de Nüremberg por el ayudante Zygmunt Mazur, que entregó su "receta", y por prisioneros de guerra británicos. Pero los cuerpos para esos experimentos pudieron provenir no de campos de exterminio, sino de hospitales y otras fuentes, y jamás se hizo a escala industrial, como así lo han documentado incluso sobrevivientes del holocausto. De hecho buena parte del mito de que los alemanes hacían jabón con sus víctimas fue un arma de propaganda francesa lanzada ya en la Primera Guerra Mundial. Nadie fue nunca acusado de hacer jabón con grasa humana.

O sea, en cuanto a pruebas: lámparas no, conservación de piel tatuada y otros fragmentos humanos como "recuerdo" sí; jabón sí, pero no a nivel industrial, sólo en experimentos al final de la guerra.

Los negacionistas del holocausto mencionan que estas historias son mentira, ocultando que no fueron parte de las acusaciones en Nüremberg ni son sostenidas por historiadores legítimos, sólo en la prensa sensacionalista. Suponen que, al rebatir lo que dice la prensa sensacionalista, están probando que los nazis eran buenos muchachos. Y fingiendo que el exterminio en campos fue la única barbaridad de la guerra de agresión nazi de 1939-1945.

Las otras muchísimas atrocidades genocidas (no olvidemos los experimentos delirantes de gente como Mengele, Rascher, Eppinger y muchos otros), la deportación y exterminio intencional e industrializado de millones de personas con una red ferroviaria gigantesca diseñada específicamente para llevarlas a su aniquilación, más el trabajo esclavo hasta la muerte, las ejecuciones masivas fuera de los campos contra poblaciones y grupos humanos cometidas por los escuadrones de la muerte llamados Einsatzgruppen (que en una sola masacre de dos días ejecutaron a tiros a más de 33 mil personas en Kiev en 1941)... todo lo que se conoce como "holocausto", pues, no está en duda.

Salvo para el tipo de personas dispuestas a creer que la tierra está hueca, que Hitler sobrevive en su interior con sus altos mandos y nos visita con sus ovnis saliendo por un agujero en el polo sur.