19.2.14

Raza, poblaciones y biodiversidad humana

Me han preguntado varias veces sobre diferencias entre "razas", especialmente en lo referente a inteligencia, y en especial por las anotaciones del blog de un filósofo racista católico español.
El color del cabello, una forma tan arbitraria
como cualquier otra para clasificar a los
seres humanos. En realidad hay un continuo
de tonos de cabello, no grupos discretos.
(Imagen CC Collage de Jujutacular con
imágenes de Rama, Jastrow y Mattbuck,
vía Wikimedia Commons)
Las razas no existen como tales.

La idea de "las razas" es un producto ultrasimplista de la era del descubrimiento y el imperialismo europeo. Todo se clasificaba, todo se estudiaba, no siempre con bases científicas, y se intentó hacer lo mismo con los seres humanos. Los europeos predominantes, en su intento de clasificar a los grupos humanos y al mismo tiempo de justificar su expansión imperialista y su colonialismo del resto del mundo, se centraron para su clasificación en unas pocas características físicas (el tono de la piel, el rizo del cabello, el pliegue epicántico de los ojos) como podían haberse centrado en otras (estatura, color del cabello, tamaño de los pies, largo del cuello o la separación entre los ojos) y con base únicamente en esas percepciones superficiales hicieron una clasificación de "razas" humanas que no soporta ningún análisis medianamente riguroso.

¿Cuál era el problema de esas clasificaciones? Que eran generalizaciones simplistas e ignorantes. Los europeos quisieron creer que todos los "negros" eran iguales por tener un tono de piel más oscuro o que los "asiáticos" eran una sola variación humana sólo por tener el pliegue epicántico en los ojos. Y los caucásicos eran de piel clara, o más o menos. Así, se metía en un saco a los beduinos, los italianos y los noruegos, y en otro a los etíopes, los tutsis, los lubas, los yorubas o cualquiera de los más de miles de grupos étnicos africanos; y en un tercero a todo mundo de Asia desde el norte de China hasta Filipinas o Vietnam.

Africanos de la actualidad.
 (Imagen CC Blaise Raise vía Wikimedia Commons)
La paleoantropología y la genética nos han pintado un panorama totalmente distinto. No hay uniformidad genética entre "negros", "asiáticos" o "caucásicos". Por ejemplo, sólo en África, en esos miles de grupos étnicos que mencionaba, hay más variabilidad que en todas las demás poblaciones, es decir, que hay más grupos de población distintos que se diferencian en muchísimas cosas aunque todos tengan la tez más o menos oscura de lo que todos en grupo se diferencian de los supuestamente caucásicos u orientales. Y todos venimos de África, de un solo origen.

Algunos creen que esto implica negar las diferencias genéticas entre poblaciones. O les conviene decir que otros lo creen porque así los pueden pintar como imbéciles. Lo que se llama el "hombre de paja": decir (como en el blog racista) que los enemigos del racismo "niegan la variabilidad genética poblacional" y una vez habiéndolos dejado como idiotas atribuyéndoles esa afirmación que no hacen, argumenta en favor de una posición racista arbitraria.

Así que las distintas poblaciones sí tienen características diferentes, pero eso lo estudia la genética estadística y la biología de poblaciones, no la pseudociencia racial del Tercer Reich. Y esa variación humana no tiene nada que ver con el caduco concepto de raza y mucho más con los orígenes étnicos, con las poblaciones de nuestros ancestros.

El racista Craig Cobb se entera en The Trisha Show de que tiene
un 14% de genes procedentes del África subsahariana, para
regocijo de otra invitada. (Captura de pantalla de The Trisha
Show, Fair Use Policy).
Siempre es bueno tener presente el caso de Craig Cobb, un líder neonazi racista que se sometió a un análisis genético que determinó que el 14% de su dotación genética provenía del África subsahariana. El asunto fue muy divertido, hasta que los racistas empezaron a perseguir a su exlíder por considerarlo parte del enemigo sin considerar su aspecto, lo que llevó a que el personaje se radicalizara hasta aterrorizar a la gente de la zona donde pretendía crear una comunidad "blanca pura".

Y es que todos somos mestizos. Todos. Absolutamente todos.

Por ejemplo: si tienes ancestros irlandeses, tienes más probabilidad de ser celíaco. Lo que no quiere decir que todos los irlandeses sean celíacos ni que todos los no irlandeses estén a salvo de la enfermedad. Ni que importe si pareces o no irlandés. Y si tienes ancestros armenios, turcos o judíos del Norte de África, tienes más probabilidad de sufrir la fiebre familiar mediterránea. Si tienes ancestros nórdicos, aumenta tu probabilidad de sufrir la enfermedad de Dupuytren.

Pero si tienes un ancestro lejano armenio y eres rubio platino con otro ancestro pelirrojo irlandés, podrías tener la misma probabilidad de sufrir la fiebre familiar mediterránea que cualquier turco cuya familia lleve seis mil años en Turquía.

Esto se debe a los flujos genéticos, que siempre han existido. Los seres humanos no están tan aislados como quisieran los racistas. A lo largo de toda la historia las poblaciones han tenido intercambios genéticos que además son beneficiosos para la variabilidad humana. Esto explica por qué muchos asiáticos son intolerantes a la lactosa cuando son adultos: la mutación que permite que sigamos produciendo lactasa (que digiere la lactosa) después de la infancia no se ha difundido mucho por las poblaciones asiáticas, lo cual incluso nos puede servir para saber con razonable certeza hace cuánto apareció esa mutación y en donde: el Oriente Medio hace unos 11.000 años.

Si en vez de hacer genética de poblaciones piensas en "razas" como un amo colonial europeo, acabas metiendo la pata. Por ejemplo, se suele decir que la "gente de origen africano" (por no decir "los negros", considerando que en realidad todos tenemos origen africano) tiene más probabilidad de sufrir anemia falciforme. ¿Es cierto? En realidad no, es una generalización peligrosa. Ni se aplica a toda África ni se aplica sólo a África.

La mayor incidencia de esta enfermedad debida a una mutación del gen de la hemoglobina se encuentra en el centro de África (Camerún, Senegal, Benin, Bantú), pero no en Sudáfrica, el cuerno de África (Etiopía), Sudán, Botswana y otras zonas. Además también está presente en la India, la zona alrededor del Golfo Pérsico y la zona de Turquía. Profundizando en el tema, se descubre que este tipo de anemia ocurre en lugares donde la malaria es endémica, y es de hecho un resultado secundario de la resistencia a la malaria. No tiene relación con el color de la piel, pues.

Por otro lado, quienes tienen raíces europeas son más propensos a la fibrilación auricular. Y si tienen ancestros del Norte de Europa identificados con los celtas, es más común que padezcan hemocromatosis hereditaria (exceso de hierro). Y si uno tiene ancestros senegaleses y de la aldea de Astérix, su aspecto físico no le dirá nada sobre su predisposición a esas u otras enfermedades, porque lo más importante de nuestra dotación genética no se expresa superficialmente en los aspectos que apasionan a los racistas como el tono de piel. O sea, uno puede ser de tez muy oscura y sin embargo ser propenso a la homocromatosis. Al gen de la homocromatosis no parece importarle la actividad de los genes responsables de la producción de melanina que es responsable del tono de nuestra piel.

Sabemos que todas las habilidades humanas, todas, tienen componentes genéticos así como culturales. Y sabemos que ciertas poblaciones (no razas) tienen ciertas predisposiciones genéticas en cuanto a probabilidad, es decir, estadísticamente, algo que no se traduce forzosamente en características de los individuos

Foto CC de Basketball Travelers Inc. Staff
(Paradise Jam official Facebook page)
vía Wikimedia Commons
En todas las características humanas existe una componente genética, una epigenética y una cultural (estas dos no son lo mismo) así otras relacionadas con el desarrollo, entrenamiento, entorno, vocación, etc. Si juegas baloncesto, serás mejor si mides más de 2 metros, muy pocos bajitos llegan a ser leyendas del baloncesto. Esto no hace inferiores a los pequeños (que, por otra parte, son más exitosos en la halterofilia, donde escasean los tipos muy altos).

Para medir dos metros necesitas los genes de la altura, sí, pero necesitas también que se expresen, lo cual depende de muchísimos factores (alimentación, desarrollo embrionario, clima, experiencias, otros genes, etc.), necesitas una cultura en la que haya pasión por el baloncesto, una buena alimentación, ganas de jugar y otras características (como ser competitivo, rápido, tener buena puntería, etc.). Siempre tendré presente a un chico que vi en 1978 en la convención mundial de ciencia ficción en Phoenix, Arizona: debía medir dos metros diez, delgado y con una rebelde melena rubia, que se paseaba con una camiseta que decía "Odio totalmente el baloncesto" ("I Absolutely Hate Basketball"). Evidentemente, la gente a su alrededor suponía que por ser alto debía gustarle el baloncesto, y debía jugarlo. Prejuicios como los que hay contra la gente de diversos colores, estaturas u orientaciones sexuales.

La pregunta es si esas diferencias son relevantes en temas de "superioridad" o "inferioridad" de algunas personas por el hecho de tener ciertos ancestros. Y la respuesta que tenemos hasta hoy es que no, o al menos no exactamente. Por supuesto alguien que mida dos diez y pese 100 kilos va a ser superior a mí jugando baloncesto. Nada más.

No hay razas humanas como entidades discretas (es decir, como grupos estancos) ni existen poblaciones aisladas. Hay un continuo en la variabilidad humana como han demostrado estudios genéticos con gran representatividad. Así como no hay grupos de estatura discretos, sino gente de todas las estaturas, una gama sin interrupciones desde muy pequeños hasta muy altos. Hay gente de piel muy oscura y muy clara, pero entre ellos hay toda una gradación continua. Y hay gente con el cabello perfectamente liso y gente con el cabello ensoritjado apretadamente (lo cual depende sólo de la forma del folículo piloso), pero también entre ambos hay una gradación sin saltos bruscos, con la nariz respingona o chata y aplastada, y todas las posibilidades intermedias. Y así sucesivamente.

El racismo pretende clasificar a los extremos, de modo arbitrario, y acaba dejando fuera a la mayor parte de la humanidad que está entremedio, en el gradiente.

Cromosomas humanos. (Imagen CC de Steffen Dietzel
vía Wikimedia Commons)
Claro que la genética juega un papel en todos los aspectos del ser humano, pero también es cada vez más claro que salvo algunas características muy concretas, no es absolutamente determinante. Y menos cuando se trata de categorías tan vagas como "inteligencia", que ni siquiera tiene una definición objetiva precisa. Por ello, aplicar las pruebas de "Cociente Intelectual" estandarizadas y creadas por blancos occidentales para evaluar la cognición de indios centroamericanos o masai africanos es un procedimiento de entrada anticientífico y sesgadísimo, porque se han creado para medir ciertas variables. Es como darle pruebas de inglés a todo el mundo y sacar como conclusión que los estadounidenses y miembros del Commonwealth son superiores porque saben inglés en mucho mayor proporción que los argentinos o los indonesios. O, al revés, que la prueba de inteligencia fuera de rastreo de presas: cualquier miembro de cualquier pueblo cazador que haya practicado, digamos los yanomamo o los aborígenes australianos, va a ser más inteligente que la gente de otras culturas.

Vamos, que NO hay ninguna fuente fiable que indique que todas las diferencias que pueden observarse entre distintos grupos sean exclusiva o predominantemente genéticas. Los argumentos de personajes como el filósofo en cuestión y otros racistas se basan en la interpretación sesgada, torticera y convenenciera de estudios sobre genética de poblaciones, a veces muy serios pero que no dicen lo que les hacen decir quienes escriben interesadamente.

Como siempre, las cosas son más complicadas de lo que creen quienes delirantemente pretenden que toda la humanidad, en su exquisita variedad, quepa en cinco clasificaciones inventadas en el siglo XVIII.

5.2.14

PETA, grupo de odio

En varias ocasiones me han preguntado por PETA (People for the Ethical Treatment of Animals o Personas por el Tratamiento Ético de los Animales), sus dirigentes, la crueldad animal e incluso el cariño que le podemos tener a las mascotas. Reúno varias respuestas.
Ingrid Newkirk, fundadora y presidenta vitalicia
de PETA. Aunque ha declarado que desea que
las mascotas se dejen de criar hasta que especies
como gatos y perros desaparezcan, lo oculta cuando
un periodista que la va a promover, en este caso David
Shankbone, lleva a su perrito a la entrevista.
(Foto GFDL de David Shankbone, vía Wikimedia
Commons)
Creo que PETA y su inspirador, el filósofo Peter Singer, son fanáticos irracionales, y muchos de ellos crueles, misantrópicos, terriblemente incoherentes y peligrosos. Su odio al ser humano parece mucho mayor que su amor a los animales. Es una organización a cuyas tácticas, dirigentes y portavoces se oponen incluso muchas organizaciones verdaderamente humanitarias y de defensa de los animales. Ha sido identificado por agencias de seguridad de EE.UU. como amenaza terrorista y su posición ante grupos claramente terroristas como el Animal Liberation Front es de "lamentar, pero no condenar" sus actos de violencia.

De hecho, el incendiario Rodney Coronado de ALF, que en 1995 confesó haber incendiado un laboratorio de la Universidad Estatal de Michigan y pasó casi 5 años en una cárcel federal de los EE.UU. por sus delitos, recibió un "donativo" ese mismo año de más de 70.000 dólares, 45.200 de ellos entregados al Comité de Apoyo a Rodney Coronado.

Hay una dosis enorme de hipocresía en sus acciones y sus posiciones son inflexibles, sin ningún matiz, sin recurso a la razón o la ciencia y sin considerar el contexto ni ningún problema de ninguna índole fuera de su vocación. Su única visión para cambiar las cosas es la policiaca: prohibir, reprimir, impedir, satanizar, destruir y violar. Y como la conclusión la tienen antes que la investigación, en más de 30 años de existencia nunca han admitido haber encontrado ni un solo laboratorio, granja, criadero o establecimiento de mantenimiento de animales que acepten que cumple los requisitos legales... aunque la mayoría lo hacen.

Como Greenpeace, PETA toma una causa con la que casi cualquiera estaría de acuerdo (luchar contra la crueldad contra otros seres vivos), y la retuerce hasta convertirla en otra cosa totalmente distinta, violentando el significado del lenguaje para hacer acusaciones brutales (usando sin medida palabras cargadas como "crueldad", "esclavitud", "holocausto", "asesinato", "brutalidad", etc.), exagerando temas pequeños para convertirlos en publicidad y proclamándose únicos legítimos representantes de esas causas, exigiendo, pese a ser minoría, que toda la sociedad se someta a las soluciones prohibicionistas que plantean sin diálogo ni posibilidad de moderación de sus posiciones.

El exceso propagandístico y retórico acaba trivializando los verdaderos delitos, la verdadera crueldad, la genuina psicopatía (que, en todo caso, yo encontraría antes en muchos profesionales de PETA que en Nelson Mandela comiéndose un filete).

Investigación animal

Por supuesto, es deseable y moralmente bueno disminuir el sufrimiento de los animales que los seres humanos utilizamos para diversos fines, e incluso el de los que aniquilamos porque son plagas o ponen en riesgo vidas humanas, pero eso no parece que se pueda conseguir con las tácticas de PETA, especialmente cuando buscan prohibir toda la investigación en animales, satanizando a quienes la realizan y condenando al sufrimiento a quienes se benefician de esa investigación (salvo que sean dirigentes de PETA).

PETA ha llegado a decir que la investigación en animales no produce resultados científicos válidos (en pocas palabras: que se hace para satisfacer los instintos de crueldad y muerte de los científicos psicópatas, no para obtener conocimientos). Pero la que fuera vicepresidenta ejecutiva de PETA, Mary Beth Sweetland, que se opone radicalmente y sin excepciones a la investigación animal, es diabética y diariamente utiliza insulina, que fue precisamente el resultado válido de investigación en perros. Su respuesta cuando se le confrontó con este hecho me parece un monumento a la hipocresía y muy representativa de las contradicciones de PETA: "Necesito mi vida para luchar por los derechos de los animales".

Vamos, que si usted es diabético y no lucha por los derechos de los animales, debería morirse.

Otro caso emblemático es el de la falsificación de los experimentos de Silver Springs, cuando de modo increíblemente malicioso se intentó destruir la carrera y la vida de un neurocientífico que ha ayudado a miles de pacientes.

Foto CC de Alex Pacheco, vía
Wikimedia Commons.
Esta fotografía fue escenificada en 1980 por Alex Pacheco, cofundador de PETA, con objeto de desprestigiar al Dr. Edward Taub y a la investigación que realizaba buscando enseñar a personas paralizadas a utilizar miembros que no tienen sensibilidad (es decir, que tienen neuronas motoras funcionales pero no percepción de tacto, temperatura o propiocepción) aprovechando la plasticidad neuronal.

Pacheco se hizo pasar por voluntario en el laboratorio de Silver Springs y, en una ausencia de Taub, colocó del modo más incómodo e incorrecto a los monos en las sillas que se usaban para los estudios (torturándolos de hecho él, Pacheco) a fin de provocar gestos de angustia y hacerles fotos. Esto quedó demostrado en dos juicios y cinco investigaciones independientes sobre las prácticas del laboratorio de Taub que, de demostró, no se parecían en nada a esta barbaridad escenificada.

Las acusaciones falsas de Pacheco se tradujeron en 119 causas contra el Dr. Taub por crueldad animal y no darle a sus animales un tratamiento veterinario adecuado. 113 de ellas fueron desechadas porque el veterinario del Departamento de Agricultura que hacía visitas sorpresa al laboratorio testificó que nunca vio las inhumanas condiciones de crueldad que presentaba Pacheco. Cinco cargos se desecharon en un segundo juicio y el último lo desestimó un tribunal de apelaciones. El Dr. Taub fue absolutamente exonerado de la trampa que le había montado la organización.

Las investigaciones continuadas por Taub luego de derrotar a PETA se tradujeron en la "terapia de movimiento inducida por restricción" (CIMT) que ha ayudado a muchas víctimas de accidentes cerebrovasculares y otros pacientes a recuperar el movimiento de miembros paralizados. Demostró en el proceso la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del encéfalo de regenerar neuronas y crear nuevas conexiones, toda una revolución en las neurociencias. Por ello, Taub recibió en 1997 el premio de Académico Distinguido de Irlanda de la UAB y el Premio William James de la Sociedad de Psicología Estadounidense, en 1998 el Premio como Científico Distinguido de la Asociación De Psicofisiología y Biorretroalimentación aplicadas y, en 2004, el Premio de Aportación Científica Distinguida de la Asociación Psicológica Estadounidense.

Increíblemente, más de 3 décadas después la foto sigue haciendo la ronda como si fuera una representación real de una situación de investigación, y gente que debería ser más rigurosa y tener una actitud más cuestionadora sigue sin enterarse de la verdad porque es más complicada que una impactante foto propagandística sin escrúpulos.

Si PETA o cualquier otro grupo radical "animalista" realmente quiere reducir la investigación en animales, sería lógico que ayudara decididamente a desarrollar una alternativa que nos pueda permitir llegar a los mismos resultados de investigación sin necesidad de recurrir a animales de laboratorio. Esto sería un gran trabajo científico en áreas como clonación y cultivo de tejidos, simulaciones computarizadas, uso de conocimientos genéticos y otros métodos que eventualmente podrían sustituir los estudios en animales... cuando las investigaciones son para beneficio humano. Habría que ver cómo se resuelve el problema de la investigación veterinaria en perros, gatos y otros animales domésticos que tiene por objeto beneficiar precisamente a otros perros y gatos. También deben hallarse mejores formas de reducir el sufrimiento del animal de laboratorio del que no se puede prescindir de momento (sedantes, mejores condiciones de vida en los bioterios, etc.), pero PETA ha dado para investigación, en los 34 largos años de su historia, sólo un millón de dólares. 1/30 de lo que fue sólo su presupuesto de 2012 que alcanzó la friolera de más de 30 millones de dólares. Por las manos de PETA han pasado cientos de millones de dólares que no han ido a investigar para eliminar el uso de animales, sólo para hacer publicidad prohibicionista... y financiar terroristas.

Ah, y para financiar a un engañoso Physicians Committee for Responsible Medicine, formado principalmente por personas que no son médicos pese a su nombre (Comité de médicos en favor de una medicina responsable) que se dedica a promover el vegetarianismo y el veganismo, y a difundir información cuando menos dudosa sobre los peligros que tiene el consumo de cualquier producto animal.

PETA mata

PETA puede gastarse, y lo ha hecho, miles de dólares para protestar por la crueldad de ciertos experimentos con gatos de la Universidad de Wisconsin, advirtiendo que un gato podría morir en los experimentos y llamando "torturador" al investigador, sin hacer caso a las distintas agencias gubernamentales y comités éticos de la universidad que precisamente existen para garantizar que la investigación se haga con el máximo respeto a los animales (mucho se ha avanzado desde el siglo XIX) y que aseguran que no hay tal crueldad ni ninguna acción reprobable o, menos, ilegal.

Matar un gato parece terrible a ojos de PETA, pero no lo es matar, digamos, a  1.045 gatos. Y 602 perros. Y a otros 28 animales de compañía diversos, todos liquidados con inyecciones de pentobarbital sódico.

Ésas fueron las cifras de los animales domésticos puestos bajo la "protección" de PETA sólo en 2012 y sólo en el estado de Virginia. Sólo fueron adoptados o rescatados por sus propietarios 15 perros, 9 gatos y 4 animales de otras especies. Y, desde 1998, la suma total de mascotas a las que PETA ha dado muerte es de 29.398. Su publicidad pretende que todos estos animales estaban gravemente maltratados, pero cualquier protectora de animales sabe que esas cifras no son representativas. En el pasado, gente de PETA ha sido de hecho condenada por el delito de tirar cadáveres de esos animales y acusados de crueldad animal después de matar a decenas de animales e intentar deshacerse subrepticiamente de sus cuerpos. Por el contrario, en lugares como Asturias, con pocos recursos y activistas dedicados, se ha conseguido implantar un cuidado de protectoras sin sacrificios, consiguiendo hogares para la mayoría de los animales abandonados.

No creo que se resuelva el tema de los animales arruinándole con pintura roja a una ancianita el visón que su fallecido marido le regaló hace 50 años y gritándole que es una hija de puta. No creo que se resuelva ningún problema robándose los pollos de un granjero que de eso vive legalmente y fingiendo "liberarlos" para que se los coman los depredadores locales. No se resuelve nada saboteando la investigación científica que beneficia a los humanos y a otros animales. Y ciertamente no se resuelve nada haciendo de lado los conocimientos científicos para actuar como inquisidores enloquecidos que se creen inspirados por dios.

El odio de Yourofsky

Yo quiero mucho a mi perro. Y a los perros que he tenido antes. Son mis amigos, parte de mi familia, motivo de mi preocupación por su bienestar. Me parece lo normal. La mayoría de la gente le tiene cariño a sus mascotas y no los ve, que diría Ingrid Newkirk, ama de PETA, como "prisioneros" o "esclavos".

Gary Yourfsky escenificando cómo entraría armado en un matadero de cerdos, luego de
señalar que "la violencia tiene su lugar" y que si alguien sale herido "es su culpa" por
agredir a a los animales en una entrevista para Veggie Channel.


Otra cosa es que a nivel genérico y ya no individual, alguien reaccione más airadamente ante el maltrato a un animal que ante el maltrato a un ser humano. Evidentemente quien ve a un cerdo y a un niño recibir un golpe y se indigna "igual" por ambos tiene un problema serio y probablemente es un misántropo.

De hecho hay animalistas que al tiempo que dicen rechazar la violencia contra los animales, disfrutan, celebran y promueven la violencia, el dolor y la muerte de otros seres humanos. Al respecto es relevante el discurso de Gary Yourofsky, el niño bonito de PETA y portavoz entre 2002 y 2005, condenado por terrorismo y al que se le prohíbe entrar en varios países, un sujeto cruel, obsesionado sexualmente y siniestramente malvado. Cito las palabras que dijo orgullosamente en 2005 en una entrevista con Claudette Vaughan para la revista The Abolitionist:
¡En el fondo, espero de verdad que la opresión, la tortura y el asesinato vuelvan multiplicados por diez a cada ser humano insensible! Espero que los padres disparen accidentalmente a sus hijos en excursiones de caza, mientras que los carnívoros sufren ataques al corazón que los maten lentamente. Todas las mujeres envueltas en pieles deberían sufrir una violación tan brutal que les dejara cicatrices para siempre. Mientras que todos los hombres envueltos en piel deberían sufrir una violación anal tan horrible que les arranque las entrañas. Cada vaquero de rodeo y torero deben ser corneados a muerte, mientras que los abusadores de los circos deberían ser pisoteados por elefantes y despedazados por tigres. Y, por último, deseo que la ironía lance la luz de su cabeza esotérica en la forma de investigadores de animales que contraigan enfermedades debilitantes y que se marchiten dolorosamente porque el dinero para investigación que podría haberse utilizado para su tratamiento se hubiera desperdiciado en la práctica bárbara y anticientífica de la vivisección.
Si ésos son los héroes y portavoces del movimiento de los derechos animales, algo anda muy mal allí adentro. Nunca he conocido un cazador, un torero, una persona del circo, a nadie que use pieles o tenga animales de corral a los cuales sacrifica para comer que tenga un odio contra los animales tan aterrador como el que expresa este miserable contra otros seres humanos.

No es alguien que pueda predicarle moral a otros.