31.12.13

Los puristas del arte

Que opinas de los puristas anti HDR y efectos digitales en la fotografía?.
Lo mismo que opino de todos los puristas en todo: que son imbéciles.

Pero luego resulta que pienso lo mismo de las vanguardias vacías.

Modelo: Elsa Villar. Fotografía
copyright © Mauricio-José Schwarz
Como aquí no hay leyes fijas, sólo tenemos experiencias subjetivas. Por ejemplo, tengo a los puristas de la música clásica que decían que el jazz y el rock eran abominación. Y luego tengo a Leonard Bernstein, que era fan de los Beatles, y escribió esa maravilla de soundtrack de West Side Story. Tengo a los puristas del folklore que pretendían que los urbanitas sonáramos como si fuéramos bucólicos nativos de cien años atrás y luego tengo a todo el folk eléctrico como el de Steeleye Span, Malicorne o Corvus Córax.

Siempre en el arte (y en la vida, qué carajo, en la política y la sociedad) hay quien tira para atrás porque la fotografía, la pintura al óleo, la música, la moda, la revolución social, etc. "deberían ser" de tal o cual forma. Y habitualmente la historia lo que ha hecho es pasarles por encima alegremente y dejarlos atrás.

Y es que, en general, cuando descubrimos algo apasionante queremos que lo domine todo. Si nos seduce el blues, nos ponemos en plan fanático y decimos que no hay vida fuera del blues. O del hiperrealismo. O de la fotografía con luz natural y emulsión fresca en placa de cobre. Todos pasamos por eso, supongo, hasta que nos damos cuenta de que la existencia de Bach no amenaza a Janis Joplin ni viceversa.

Mi opinión personal no será compartida por otros fotógrafos, pero, bueno, yo no intento imponerle mi visión a nadie, sólo es válida para mí y, en todo caso, para mis modelos.

Yo creo que la fotografía es esencialmente tan mentira, tan fantasía y tan simbólica como la poesía o la pintura. No es realidad. La realidad ocurre en cuatro dimensiones, en flujo continuo, a todo nuestro alrededor, como un tsunami sensorial. De allí, la fotografía selecciona un trocito cuadrado o rectangular durante una fracción de segundo, en una gama de colores y luminosidad muy inferior a la de nuestra vista (ya no digamos en las demás frecuencias del espectro electromagnético), sin sonido, sin temperatura, sin olor ni textura, la plancha en dos dimensiones y te la enseña. Eso NO es la realidad. Así que cada quién cuenta su mentira, su fantasía, su visión, su subjetiva aproximación, a su manera.

Yo proceso mucho mis retratos para tratar de optimizar el contraste local, lo que tiene mucho que ver con el concepto de HDR, pero trato de no cambiar los píxeles de la foto que tomé, no le suavizo la piel a mis modelos, no les quito arrugas, lunares, nada que sea propio de cómo son ellas, sólo manipulo el contraste entre uno y otro píxel para que se asemejen más a lo que yo veo. Esto implica a veces tres y cuatro tratamientos distintos, algunos tomados de la foto analógica, algunos sólo posibles en lo digital. En paisajes confieso que he cometido horrores en HDR, pero al paso del tiempo he ido aprendiendo a domar a la bestia para hacer los HDR que a mí me gustan (no que sean mejores ni peores) y no me gustan los excesos en el HDR, pero hay a quien le encantan.

En cuanto a efectos digitales, todo depende de qué y para qué. Si se trata de engañar al público no me parecen correctos. Si obtienen un resultado que provoca una emoción en el espectador, creo que han cumplido su tarea como arte, que es evocar emociones, sensaciones, sentimientos, pasiones. Creo que todo se vale para conseguir ese objetivo en el arte, sea literatura, cine, música, pintura, escultura o, claro, fotografía.

Al final personalmente me he quedado con todo salvo excepciones. Me encanta la guitarra superprocesada de Brian May o de Alex Leifson, pero al mismo tiempo me fascina la guitarra directa y sencilla de Buddy Guy. Me gusta la fotografía ultranaturalista de Cartier-Bresson (que ni flash usaba) o Josef Koudelka, pero también me dice mucho la iluminación fantasmagórica del light painting de Emil Schildt, el surrealismo de Laurentiu Margalin o los crecientes delirios de Mehmet Urgut. Puedo disfrutar la escultura de Fidias, de Rodin y de Duane Hanson. No estoy comprometido emocionalmente tanto con una forma como para despreciar las demás, y eso me permite, sin hipérbole, disfrutar muchísimo con el arte y no aburrirme.

Otros fotógrafos te dirán que eso es una herejía, claro.

29.12.13

El miedo nuclear

Me gustaría saber su opinión a cerca del porqué del miedo a lo nuclear. ¿Qué hace que el hablar a favor de esta manera de conseguir energía haga que te expulsen de según que grupos?
Silo subterráneo con un misil nuclear durante la Guerra Fría.
EE.UU. y la URSS tuvieron desplegadas armas nucleares
que podían lanzarse desde tierra, mar y aire. EE.UU. llegó
a tener 11.000 cabezas nucleares y la URSS 10.000, cada una
miles de veces más potente que la bomba de Hiroshima.
(Foto CC de Steve Jurvetson)
Principalmente por la guerra fría. Aunque para muchos en esta época no sea ni siquiera un recuerdo. Y en la base por el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.

Las armas nucleares son aterradoras, sin duda. Pero no más aterradoras que todas las demás armas. Matan más gente, pero esto no justifica que sean más temibles que otras. Desde el punto de vista de las víctimas, cada una es igual. Su efecto a largo plazo, por la radiación, y el hecho de que sea indetectable, añade un tono siniestro a estas armas.

Y ante eso pierden de vista los argumentos utilizados por Estados Unidos para emplear estas armas con objeto de terminar la guerra en el Pacífico. Esto ahorra por supuesto entrar en los dilemas que representa una decisión así, o en un "usted qué haría". Si la pregunta fuera únicamente "¿Usted lanzaría una bomba atómica sobre una ciudad?" la respuesta es sencilla, por supuesto que no. Salvo que se trate de verdaderos psicópatas, hacer tal cosa por capricho sería inimaginable.

Pero la pregunta no era esa. Había un contexto donde las decisiones posibles eran todas horrendas y había que elegir el mal menor.

Por supuesto que no hay guerra bonita, ni mucho menos, y acabar con la guerra de golpe consiguiendo la rendición de Japón era una idea que se presentaba cuando los aliados habían perdido 4 millones de soldados y 25 millones de vidas civiles (y, del lado del eje, principalmente Japón, habían muerto 2 millones de soldados y 750 mil civiles).

Los estrategas calcularon que la invasión de Japón y su conquista por métodos, digamos, tradicionales, podría costar las vidas de 1 a 4 millones de soldados aliados y entre 5 y 10 millones de vidas japonesas. Las bombas nucleares provocaron unas 200.000 muertes y la rendición inmediata.

Ahora la pregunta era: "¿Usted lanzaría bombas atómicas sobre dos ciudades matando a 200.000 personas inocentes o preferiría usted invadir el país matando a entre 6 y 14 millones de personas, entre su propia gente y la del enemigo?"

Este dilema no se comenta con frecuencia, por supuesto, y a la distancia histórica es muy fácil condenar cualquier decisión que se hubiera tomado (y hasta olvidar las atrocidades del ejército japonés, que fueron terribles) y por supuesto es muy cómodo suponer que se puede hacer una guerra con florecitas y terminarla dándole pastel de arándanos al enemigo.

Sobre todo un enemigo como el Eje. Hoy parece como si la única atrocidad de la Segunda Guerra Mundial hubiera sido ésa, y sólo la hubiera cometido Estados Unidos, considerado por muchos el adversario ideológico y político. Pero el asunto no se puede despachar sin tener en cuenta lo que había sido el expansionismo imperialista militar de Japón y las terribles masacres que su ejército cometió en la guerra.

En eso pensaban también los científicos que hicieron la bomba. No estaban tratando de matar inocentes, estaban tratando de terminar con una guerra terrible que también los ponía en peligro a ellos y a los suyos. Cuando empezaron, estaban conscientes de que había físicos en Alemania que estaban intentando lo mismo. Si Hitler hubiera tenido armas atómicas antes que los Aliados, se habría perdido la guerra con consecuencias atroces. Se estaban defendiendo, como Turing tratando de romper el código nazi de las máquinas Enigma.

Eso pensaba Einstein también cuando propuso que se podía construir una bomba atómica antes que los países del Eje la tuvieran.

Pero, acabada la guerra, habiendo la posibilidad de hacer armas nucleares, más países quisieron tenerlas. En particular lo que era la ya casi olvidada URSS, que emprendió con Estados Unidos un enfrentamiento por la hegemonía mundial que se conoció como la guerra fría y que duró desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta 1991, cuando la URSS se desmoronó.

La guerra fría implicó una carrera armamentista delirante que absorbió grandes cantidades de recursos en los dos bandos implicados: los países de la OTAN encabezados por EE.UU., y los países del Pacto de Varsovia encabezados por la URSS. Continuamente se hacían y anunciaban armas cada vez más potentes, más mortales, capaces de ser lanzadas en misiles balísticos intercontinentales que viajaban a 1.200 kilómetros de altura para finalmente atacar al enemigo, en Washington, Moscú, San Petersburgo o Nueva York. Y para valorar la capacidad destructiva de sus armas, los países las probaban haciéndolas estallar en desiertos, en alta mar, en el lecho marino, en islas deshabitadas... De las bombas de fisión nuclear se pasó a las de fusión o de hidrógeno, con una capacidad destructiva inconcebible.

Los habitantes del planeta por entonces estábamos muy agudamente conscientes de que bastaba una crisis política, un líder trastornado, un simple malentendido como en las películas, un cálculo equivocado, y lloverían cabezas nucleares de un lado al otro, destruyendo lo que conocemos como civilización y con riesgo de extinguir incluso a la especie. Así de sencillo. Así de aterrador. Vivimos quizá 25 años al borde de la hecatombe nuclear, en una posición, entre EE.UU. y la URSS de destrucción mutuamente asegurada: si uno empezaba la guerra, destruiría al otro, pero también sería destruido (en inglés eso se conocía como Mutually Assured Destruction o MAD, que significa "loco" u "orate").

Eso pesaba en la tensión cotidiana. De todos.

Era lógico, absolutamente lógico, que millones y millones de personas se opusieran al armamento nuclear y a la carrera bélica entre las dos superpotencias. El movimiento antinuclear nació como reacción ciudadana contra las armas nucleares y el riesgo de la destrucción de millones de personas.

Una anécdota curiosa es que Greenpeace nació originalmente para oponerse a una prueba nuclear francesa (que, profetizaban los miembros del grupo,  iba a provocar un tsunami aterrador, cosa que no ocurrió; por eso el grupo se llamaba "Don't Make a Wave", "No hagan una ola"). Su primera acción fue conseguir un barco e ir a tratar de detener con su presencia una prueba nuclear estadounidense en Amchitka, una isla de las Aleutianas. Esto ocurrió a fines de 1971 y otros enemigos de las armas nucleares se manifestaron en todo el mundo. Entre ellos estaba un grupo diminuto de jóvenes (muy jóvenes) en México, donde se contaba servidor junto con sus amigos del bachillerato. Éramos tan pocos que cupimos en un solo furgón (o "julia") de la policía. Nosotros no trascendimos, obviamente, Greenpeace sí.

Pero la preocupación por las armas nucleares se trasladó extralógicamente a los reactores nucleares para la generación de electricidad que se empezaron a construir en la década de 1960. Las preocupaciones por los efectos de un bombardeo nuclear se trasladaron al miedo al uso pacífico de la energía nuclear y sus problemas (especialmente de seguridad y de residuos nucleares) y, muy pronto, los enemigos de las armas nucleares se convirtieron en enemigos de toda forma de energía nuclear (incluidos los aparatos utilizados para radioterapia, para mutagénesis de cultivos, para diagnóstico con radioisótopos, para muchos usos). Todos los usos pacíficos de la energía nuclear se vieron englobados en un miedo que, más que temor racional o precaución razonable basada en datos, se convirtió en pánico fanático e irracional.

Allí sí ya no estuvimos muchos.

En ese proceso, cualquiera que defienda los usos pacíficos de la energía nuclear o cualquier elemento radiactivo que pueda ser benéfico se ve identificado con la maldad de quien arroja bombas atómicas malévolamente sobre una población civil, una especie de Dr. Strangelove contra el que todo vale. En esta lucha absurda juega un papel importante todavía Greenpeace, que se opone incluso a la investigación en fusión nuclear, que sería una extraordinaria fuente de energía renovable, limpia, segura y casi gratuita, la mejor promesa de las renovables, pues. Y, por supuesto, los hechos, datos, números, evidencias, desarrollos, novedades, avances, estudios, etc. no tienen cabida en el debate. Se ha vuelto asunto religioso. Como tantos temas de la ecología, el animalismo y la neofobia.

28.12.13

Abandona tus bienes materiales...

¿Has pensado que no necesitas tantas cosas materiales para vivir y que quizás no te ayuden a ser más feliz?

Rush en concierto.
Me lo planteé, lo pensé y decidí que no tengo por qué conformarme con lo que necesito, cuando tantas cosas que no necesito para vivir me permiten vivir mejor, lo que incluye ser más feliz. No necesito leer a Shakespeare o a Lorca, ni escuchar a Bach o a Big Mama Thornton, ni mucho menos necesito (para vivir) pasarme dos horas en la cocina preparando un platillo sabroso y que satisfaga algo más que la elemental necesidad de nutrientes. Por supuesto, esto es extensible al resto de la humanidad, es decir, no creo que nadie tenga por qué conformarse con lo esencial salvo que lo desee. Y nadie tiene derecho a hacerle al Baloo y cantarnos "busca lo más vital, lo que es necesidad nomás".

Todas esas cosas materiales que ciertamente no necesito, me ayudan por supuesto a ser feliz. A mí y a todos los que disfrutan las cosas, experiencias, situaciones, estados, comodidades y placeres que desean y por los que trabajan.

El ascetismo es para frailes y yo no soy uno de ésos. Yo sí sería más feliz con un Lamborghini Murciélago y, sí, sería más feliz si tuviera todos los discos de Jethro Tull (alguno me falta) y, sí, sería más feliz si pudiera ir a todos los conciertos de Rush y Natalie Merchant y Laïs. Y por supuesto que sería más feliz si no debiera la hipoteca y tuviera mi casa, y una más para vacaciones, sin preocuparme por pagarlas y mantenerlas.

Un estudio de grabación de audio para promover artistas marginales con su correspondiente sello grabador me haría muy, muy feliz y me ocuparía miles de horas bien invertidas siendo feliz y promoviendo buena música. Mis libros, y los miles de libros que no puedo comprar y que si comprara no tendría tiempo para leer a menos que tuviera el dinero para poder dedicar mi tiempo a leer y no a trabajar, también me hacen feliz. Poder tener dinero para crear una fundación educativa o poder hacer otra para poner a secar a los antivacunas me haría enormemente feliz, mientras más dinero tuvieran ambas, más feliz me haría. Poder ir a las carreras de F1, a todas, en pits, sí que me gustaría. Y dinero para hacer de turista espacial... sería la felicidad absoluta, para mí... un sueño infantil... Y un telescopio grande en el techo, por supuesto.

Laïs en concierto
El dinero no da toda la felicidad, pero SÍ da la parte de felicidad que se puede comprar, y que es mucha, pues incluye desde la salud hasta la poesía. Nada da toda la felicidad y se puede argumentar que "la felicidad" en sí no existe, así que estamos un poco bordando en el vacío rouseeauniano.

El ascetismo posmoderno anticonsumista y neoprimitivista es habitualmente un viaje de culpabilidad de nenes ricos del occidente opulento que se sienten culpables de tener cosas y creen que si vivieran con los kayapó, con el pito al fresco, sin Internet, sin música, sin más opción que comer mono asado, haciendo la guerra y sin medicina científica o zapatos, encontrarían la felicidad. Y de paso esquivan la aterradora posibilidad de que quizá, sólo quizá, los kayapó encontrarían algunas rebanadas de felicidad si tuvieran asquerosos bienes materiales como viviendas con agua corriente, electricidad y retrete, vacunas para sus hijos, ropa bonita, alimentación equilibrada y la posibilidad de no morir de viejos a los 69 (aunque estos creerán que estaban mejor en 1950 cuando su esperanza de vida era de 48 años).

Lo que vendría siendo un postcolonialismo colonialista, que es enormemente cruel. Y bobo.

27.12.13

Mitos prescindibles: Alex Lora

Me preguntan: "¿Qué opinas de la trayectoria de Alex Lora como músico?"
Me sorprendería muchísimo que se hubiera hecho músico a estas alturas. ¿Ha estado estudiando?

El original Three Souls in my Mind, del que saldría
Lora para hacer El Tri. 
No, en serio, el valor de Lora fue su actitud, en 1968 y hasta el fin de los hoyos fonki, tal vez, pero al paso del tiempo se quedó en lo episódico, en la cosmética del escupitajo a la cara como fórmula comercial... y el "chingas a tu puta madre" que la primera vez que se dijo fue un grito liberador y desafiante, a la sexacentésima vez era más pose que la de Octavio Paz dejándose fotografiar, invitando un sonoro "Bueno sí, ¿y qué?" poniéndonos generosos. El escándalo social del momento además se insertaba en la fórmula unitalla del machito de barrio: sida, travestismo, niños de la calle, la piratería musical, la novia de Caro Quintero... viendo el diario ya sabía uno qué canción se iba a recetar El Tri, y generalmente desde una intrascendencia preadolescente.

Se rodeó de buenos músicos siendo él espectacularmente mediocre, pero nunca cuajó una superbanda (su mejor baza sigue siendo Rafael Salgado, el Wea) pero desperdiciar a músicos como Arturo Labastida ("El Papaíto") o Lalo Toral, uno de los mejores tecladistas de la historia, fue casi delictivo. Cualquiera de ellos tiene más música en la uña del dedo meñique que Lora en todo el cuerpo.

Para remate, nos enteramos hace muchos años que Alex Lora usaba como método de composición la fusilata. Reconoce que usó la música de Neil Young de Hey hey, My my en El rock nunca muere, pero hay otros plagios. El más tremendo, su épica Triste canción de amor que es, nota por nota, Like a Hurricane, también de Young, y si mal no recuerdo hay otras.

Esto deja mal sabor con otras canciones que no son malas musicalmente, es decir, en cuanto a melodía y armonía (Chilango incomprendido, Dinero, Las piedras rodantes, Todo me sale mal y varias otras) porque no sabe uno si salieron por ahí de un rockero desconocido que se ganaba las monedas cantando donde casi nadie lo escuchaba...

Todo esto sin contar con que, en la labor letrística, Alex Lora nunca consiguió reconciliarse del todo con la métrica y la rima (defecto histórico del rock mexicano). Sus versos miden lo que salga, raras veces coinciden, les sobran sílabas por todos lados y los acentos le son inclusive respecto del ritmo de la música; va a la rima fácil o simplemente prescinde de ella porque lo que prende a la banda –o eso se propone– es la palabra callejera, la mentada de madre, la insinuación sexual nunca liberada, siempre a nivel de las vergüenzas de María Candelaria y con dejos de homofobia y machismo de esquina que no deja buen sabor de boca (Viejas de vecindad es buen y lamentable ejemplo).

Así que con todo eso y habiendo escuchado al Tri toda la vida, me quedo con que los oscuros de Lora son más que los claros y que prefiero escuchar al Wea fuera del Tri. Y que aunque ADO o Perro negro y callejero (que no sé si es de Lora o de alguien del original "Three Souls in my Mind") sean parte de mi banda sonora personal, nunca consideraré a Lora al nivel musical, no sé, de Dug Dugs o la maravilla que era Love Army con una voz como la del Pájaro Isiordia, nada que ver con lo que le sale a Lora por la boca, o de Real de Catorce (allí sí sin problema con las letras, oh maestro José Cruz) o Trolebús, o de grupos más de estas últimas décadas como Café Tacuba o Los de abajo, del máximo nivel. Por no mencionar a cantautores como Rockdrigo.

Como las comparaciones son odiosas para el que sale jodido en las comparaciones, un poco de Love Army, musicalmente tan impresionante en 1971 como hoy. Todo es buenísimo, pero atención especial al bajo de Salvador Martínez Bañuelos.


Cantinflas y Chespirito

Me he posicionado como antifan, entre otras personas, de Cantinflas (Mario Moreno) y de Chespirito (Roberto Gómez Bolaños). Me preguntan con cierta frecuencia por qué. Resumo las respuestas que he dado al paso del tiempo.
Me parecen social, moral y políticamente repugnantes tanto como personas como en sus creaciones y personajes.

Mario Moreno defendió en todas sus películas que la única rebeldía adecuada para el pobre era asumir los valores de sus opresores, de los que se burlaban de él, haciéndose respetable en su religión, su dinero y su sistema político. Su humor me parece bastante básico: más allá del enredo de palabras que repitió cansinamente durante 44 años, no tiene ninguna aportación adicional digna de mencionarse, en todas sus películas era el mismo personaje haciendo lo mismo y pasando por procesos similares para llegar a finales idénticos, acudiendo a la sensiblería más elemental sin ninguna profundidad, ninguna tridimensionalidad y ningún contexto. El patrioterismo aneuronal no se cansó de compararlo con Chaplin o con Groucho Marx, pero nunca dio razones para tales excesos, y ciertamente no parecen existir. Pero hay pocas cosas más políticamente incorrectas que meterse con Cantinflas, claro.

Su caricatura del "peladito" como una especie de imbécil con labia siempre me pareció una ofensa a partes iguales al indígena y al pobre. Como actor me parece menos versátil que Charlton Heston y su capacidad histriónica y de originalidad cómica era nula. Además de eso, siempre fue un aliado del poder y de la iglesia, y utilizó su influencia para promover la sumisión del pobre y los valores más patéticamente clasemedieros del peor cine mexicano. En lo personal, su visión cristiana de la solidaridad como caridad siempre me pareció ofensiva, mientras que su adscripción a la secta "gnosis" del ínclito demente Samael Aun Weor es la cereza de un pastel que me parece en su totalidad vomitivo.

Me molesta especialmente que se le considere un representante de los mexicanos porque evidentemente no representa absolutamente a nadie que yo haya conocido en la ciudad o en el campo. Siempre sentiré al México que yo conozco más representado --pese a las limitaciones de ese cine en esos años 1940-60-- por Fernando Soler, Joaquín Pardavé o Tin Tán.

En el caso de Cherpirito, su humor (además de repetitivo e infantiloide) se basa en la crueldad hacia el diferente. Un señor con sobrepeso es "el Señor Barriga" y no hay nada más jocoso que golpear a un gordo, ¿no? así nos regaló años de chistes humillantes sobre el vientre del personaje y un golpe en cada capítulo... una genialidad que en su fantasía dejaba atrás a los Monty Python, vamos. Otro personaje de su elenco tiene una estatura por encima de la normal, por tanto es "el Profesor Jirafales" y otro tanto de chistes humillantes sobre su estatura, con joyas de la creación comédica como llamarle "Maestro Longaniza" (¡y cobraba por eso!) Una mujer es anciana, y nada más original, inesperado y brillante que llamarla "vieja bruja" y usar su edad como motivo de burla incesante (un cartero mayor de edad sufre el mismo destino en las garras de Roberto Gómez Bolaños), y con esas bastedades de comedia dudosísima, el tipo creía que Gila era un tarado.

Un señor más  es delgado y no tiene dinero... pues a burlarnos de su delgadez y de su pobreza, qué carambas, that's comedy, man, y no Tin Tán o Joaquín Pardavé.

El propio "Chavo del Ocho" es un niño que se la pasa en un barril y siempre tiene hambre. Y esto a "Chespirito" le parece absolutamente hilarante... ¿acaso hay algo más humorístico, jocoso y digno de burla que un niño con hambre? Pues a ojos del millonario guionista y actor no...  Y más si además se le convierte en un niño sin dignidad, capaz de hacer lo que sea, de cualquier humillación, sólo por comer, eso, cree Roberto Gómez, es para revolcarse por el suelo entre carcajadas... Vamos, que Chespirito en el Cuerno de África se lo pasaría de lo más divertido...

Pero... pues que se rían Roberto Gómez Bolaños y su abuela, a mí no me hace gracia ni como individuo ni como padre. Es basto, lamentable, perpetuador de una visión iturbidista y de los Caballeros de Colón, fascista y autoritario, una visión de la comedia y la diversión pacata, miserable y estrecha, el chiste bobo adornado de arrogancia, clasismo y superficialidad, falto de ideas y agresivo con la persona. Es a la comedia lo que la Tigresa de Oriente es a la música, pues.

Si a eso le añades las campañas de Chespirito en favor de Fox y Calderón y su lucha contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su aborto, pues muy simpático no me resulta, no. Y que ese esperpento (un poco menos El Chapulín Colorado, aunque con sus "running gags" o chistes repetitivos o frases machaconas, cada episodio era 40% igual a todos los demás, lo cual olía a "ya no se me ocurre nada" o "miren cómo les veo la cara de pendejos") se erija como "icono cultural" mexicano junto con Cantinflas me parece lamentable. No somos como nos pintan ni Chespirito, ni Cantinflas ni ese otro chiste malo que fue Octavio Paz.

Por suerte.

Los Unitarios Universalistas

Me preguntan sobre los Unitarios Universalistas "que se definen a sí mismos como 'una religión liberal sin credo, caracterizada por la búsqueda libre y responsable de la verdad y el significado'".
Me parecen muy peculiares porque pretenden fingir que las religiones no tienen nada de malo, sólo están ligeramente equivocadas respecto de ciertos puntos pero se puede limpiar eso y tener religiones bonitas, risueñas y con fresco aroma a pino.

Me recuerdan a los humanistas suecos y holandeses, que se dedican a inventarse rituales de paso para adornar el ateísmo con celebraciones estrictamente reguladas de nacimiento, pubertad, matrimonio y muerte... y que se horrorizaron cuando en 1992 en Amsterdam les hablé de los crímenes del catolicismo en América Latina y África. Por lo visto creían que el problema mundial estaba resuelto porque en Holanda y Suecia no lo tenían.

Todo lo que dicen estos curiosos personajes me parece bien, salvo que se organicen como una religión y quieran ser amiguitos y coleguitas de las otras religiontes porque, como cantaba "Up with people", todos son iguales a los ojos de dios, oh yeah.

Pero todo eso no necesita una estructura religiosa. Y de hecho tenerla lo devalúa. Parece que quieren ser el todoenuno del buenrollismo posthippie estadounidense, negando el conflicto que imponen las creencias y confundiendo con religión lo que es por un lado política (el anhelo de democracia, paz, libertad y justicia) y por otro lado es ética (todo lo demás). Me suena mucho a vamos a respetarnos todos y para eso no vamos a atacar las causas de las diferencias sino vamos a fingir que no las tenemos.

Me imagino una escena de "Ah, ¿crees en tal religión pero quieres jugar con nosotros? Qué bien. Te respetaremos mucho, no impugnaremos los aspectos crueles e idiotas, ignorantes y malévolos de tus creencias religiosas pero cantaremos Kumbaya el domingo después de una barbacoa con menús especiales para vegetarianos, ovolactovegetarianos, veganos, crudiveganos, halal, kosher y ratas asadas si eres mujer malaya de Orang Asli que no pueden comer animales grandes porque creen que quedan estériles".

Lo siento, pero no. La religión es precisamente lo contrario a la libertad. Es el gran enemigo de la libertad. En todas sus formas, porque implica reglas idiotas, irracionales e impuestas. Sea el día del Cáliz o Chalica, que parece bastante esperpéntico hasta las ideas francamente impugnables como su veganismo (perdón "alimentación ética") su "espiritualidad orientada a la Tierra", que francamente suena como Evo Morales y la Pacha Mama muy gordos y vestidos de camiseta mal planchada, shorts y zapatos deportivos (el traje típico de la cultura estadounidense).

En resumen y desde mi muy criticable punto de vista, es una patochada que quiere quedar bien con todos haciendo a un lado los problemas reales para una visión un tanto nublada por demasiada marihuana y demasiados años yendo al Burning Man como si fuera la culminación de la experiencia humana. Y demasiadas noches de campamento cantando Aquarius.

La ciencia ficción como subgénero

Terry Pratchett dijo: La fantasía y la ciencia ficción me dieron la mejor educación posible, porque era una que no sabía que estaba teniendo lugar. ¿Hasta que punto estás de acuerdo? ¿Por qué crees que este tipo de literatura siempre se ha considerado de segundo nivel?
Estoy muy de acuerdo. Y no porque la ciencia ficción fuera ni debiera ser un vehículo de divulgación científica (como quería Hugo Gernsback y lo hicieron en cierta medida muchos, incluido Asimov), sino porque es un género que te motiva a pensar, a cuestionar, a dudar, a preguntar, a no aceptar la autoridad por el sólo hecho de serlo. Dicho de otro modo, te ayuda a aprender a pensar de una forma crítica y racional y, sobre todo, libre. Es un género que como pocos promueve la libertad de pensamiento porque parte de la subversión de la realidad para cuestionarla. Pienso en relatos y novelas que tuvieron un claro efecto en mi pensamiento moral, como "Las calles de Ashkelon" de Harry Harrison, "Zapatos marrones" y "Escultura lenta" de Sturgeon, por supuesto Fahrenheit 451 de Bradbury, varias de Heinlein como La luna es una cruel amante y Tiempo para amar.

Eso es lo que yo destacaría. La ciencia ficción no tenía problemas en cuestionar el naciente ecologismo (hoy convertido en ecoimperialismo y religión fanática) en los años 60, en cuestionar la religión, en cuestionar la existencia de la realidad misma, en explorar todo lo que el cambio le puede hacer al ser humano, para bien y para mal... En ese sentido sí estaría de acuerdo con Pratchett en que ofrece una excelente educación.

¿Ha sido considerada siempre de segundo nivel? Ya no lo creo, la verdad. Creo que el ghetto de la ciencia ficción que existió en un momento dado sólo continúa porque a los que viven dentro del ghetto les resulta muy cómodo, pero lo mejor de la ciencia ficción hace tiempo que es mainstream. O, dicho de otro modo, no es rechazado por ser mainstream. Conforme jóvenes escritores que se formaron leyendo CF empezaron a ocupar espacios en editoriales, en universidades, en revistas, en escuelas, la barrera cayó al menos en una buena parte. Hoy en las clases de literatura se incluye ciencia ficción, los escritores de CF (y como cuentista lo soy, quiera o no) somos incluidos en antologías "mainstream" y hasta "posmodernas" (eso sí que me dio risa), estamos en los diccionarios de escritores y en la historia de la literatura.

En lo personal me sorprendí mucho cuando me avisaron que estaba en el diccionario biobibliográfico de escritores de México y comprobé que están muchos de los escritores de la oleada de los años 80-90. Y esto pasa en mayor o menor medida en todos los países. Mito viejo, pues.

Sobre el significado de la vida

Me preguntan sobre la existencia en sí. "Un por qué o un para qué. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. ¿Algo más? (En tu opinión) Y no, no estoy pensando en una idea sobrenatural o similares."
A ver.

Nacemos. Para ello, primero, tuvo que existir el universo, y las estrellas en las que se forjaron los elementos que nos componen (los elementos con número atómico por encima del hierro se hicieron en explosiones de supernovas, que es un principio potente). Luego un planeta con las condiciones adecuadas para que apareciera la vida. Luego miles de millones de años de evolución hasta que apareció la cultura como nueva forma de supervivencia, y algunas especies que tuvieron cultura antes de que apareciera la nuestra, que al cabo de unos cientos de miles de años nos engendró a nosotros.

De momento, no me parece poco.

Crecemos. Nos desarrollamos física y mentalmente expresando parte de nuestra herencia genética. Aprendemos a no meter la pata demasiado y no matarnos. Nos relacionamos con otras personas, nos quieren y queremos. Padres, parientes, amigos, cuidadores. Nos hacen daño, aprendemos a sobrevivirlo. Y en el proceso adquirimos parte de la cultura que nuestra especie ha acumulado. Aprendemos a entender parte del universo, descubrimos nuestros gustos estéticos (música, poesía, pintura, escultura, fotogafía, cine, teatro, narrativa).

Sigue sin parecer poco.

Nos reproducimos. El mayor placer que estamos diseñados para experimentar al servicio de la continuidad de la especie (y una cultura que nos permite disfrutarlo sin reproducirnos, que no está mal). Experimentamos el enorme júbilo y responsabilidad de ser padres, de guiar a otro ser humano para seguir el camino.

No es poco, tampoco.

Morimos... A ver, espera un poco porque entremedio te faltó parte de la historia. Nacemos, crecemos, nos reproducimos, gozamos, amamos, nos aman, reímos, lloramos, luchamos, ganamos, perdemos, soñamos, aprendemos, descubrimos, construimos, hacemos, pensamos, sentimos, comemos, jugamos, cantamos, nos lesionamos, nos enfermamos, seguimos aprendiendo, disfrutamos, nos sorprendemos, nos asombramos, nos solidarizamos, empatizamos, hacemos otras muchas cosas y luego morimos, en general con menos dolor y sufrimiento que nuestros ancestros.

No me hace falta nada más. No creo que sea necesario un para qué fuera del sentido que nosotros le damos. Para nacer, crecer, reproducirnos, gozar, amar, ser amados, reir, etc.

La pregunta "¿por qué?" es una trampa boba porque presupone que existe un por qué, que hay una causa profunda y volitiva de nuestra existencia. Antes de responder a "¿por qué?" habría que demostrar que existe tal por qué, que hay una causa profunda. La pregunta es una simple antropomorfización, la idea de que el universo es como nosotros y tiene deseos, voluntad, proyectos y demás. No hay evidencias de ello.

Es una de las preguntas que las religiones y los místicos dicen que ellos sí pueden responder y la ciencia no. Aunque la trampa es que la pregunta no tiene sentido... y las respuestas son inventadas, como las frases de Jodorowsky, vaya.

26.12.13

El aborto

Me preguntan por una posición razonable, lógica y humanista ante el problema del aborto voluntario.
De entrada no lo sé, pero de entrada nadie lo sabe. Sólo puedo ofrecer algunas reflexiones tratando de ser razonable y humanitario.

La interrupción de un embarazo es un asunto en extremo delicado y conozco personas racionales y humanistas que se oponen a él en términos bastante enérgicos y con buenos argumentos.

Yo, personalmente, opino que la decisión de interrumpir un embarazo es extremadamente difícil, dura y trascendente, y por tanto sólo puede competer a la mujer implicada, no a nadie más. Puede consultar a su familia, al médico, al futuro padre, pero la decisión es de la mujer afectada. Nadie que no sea ella debería tener derecho alguno a obligarla en un sentido o en otro. Y menos aún quienes nunca podrán sufrir un embarazo no deseado por ser hombres.

Moralmente, creo que lo real se debe privilegiar sobre lo potencial, es decir, que resulta más defensible una mujer que, estoy seguro, y puedo demostrar, que es un ser humano con sentimientos, deseos, emociones, proyectos, sueños, capacidad de sufrimiento, expectativas de futuro y capacidad de ejercer su libertad que un feto que es una potencialidad que, en el futuro, podría o no convertirse en un ser humano con todas esas características y que nadie puede demostrar que es ya un humano igual a la mujer.

La donación de sangre y órganos es voluntaria, y sabemos perfectamente que si más de nosotros donáramos, salvaríamos más vidas. Pero no se obliga a nadie a donar sus órganos, ni en vida ni después de la muerte. ¿Por qué obligar a una mujer a donarle a un ser potencial todas sus necesidades durante la gestación y durante años y años por venir, cancelando todos sus proyectos por un acontecimiento fortuito? Me parece lógico que esa decisión sea también voluntaria.

También me queda claro que a lo largo de la historia distintas sociedades y culturas han considerado que la interrupción del embarazo no es la destrucción de un ser humano, sino sólo de una potencialidad. En la propia Biblia, en el libro del Éxodo 21:22 leemos "Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces". Es decir, deben pagar una multa porque "no hubo muerte" de una persona ya nacida. En el siguiente versículo aclara: "Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida". Entre los romanos, el infanticidio y el abandono eran comunes en caso de embarazos no deseados (o si el producto era mujer) pues no se consideraba a los bebés ciudadanos de pleno derecho. Distintos papas han expresado distintos dogmas a lo largo de los siglos, y distintas religiones tienen posiciones igualmente diversas. Así que las tradiciones e invocaciones del pasado resultan poco útiles como patrones de comparación.

Nadie sabe si existe "el alma", mucho menos si ésta es inyectada o no al óvulo en el momento de la concepción. Nadie sabe en qué momento un feto tiene conciencia de ser, emociones o sentimientos, o en qué momento tiene agencia moral, y argumentar al respecto es vano porque los argumentos se producen a consecuencia de la posición que uno tiene y no al revés, que sería lo lógico: analizar los argumentos y tomar una posición

Un baremo objetivo, que no depende de opiniones, es la viabilidad del feto. Es a partir del momento en que el feto puede vivir independientemente de la madre que se le puede considerar un individuo, pero hasta ese momento lo razonable es darle un valor superior a la mujer embarazada.

Más allá, no creo que nunca se solucione satisfactoriamente el dilema que presenta un embarazo no deseado, por lo enormemente emocional que es el tema. Como en otros casos, la sociedad debe encontrar soluciones satisfactorias que deben ser independientes de las posiciones individuales, especialmente las represivas, las religiosas, las autoritarias y las que pretenden conculcar derechos a personas reales en favor de personas potenciales.

25.12.13

El cuestionable Dalai Lama

Me preguntan qué puede hallarse criticable del Dalai Lama.
Varias cosas. Primero, obviamente, que nunca ha demostrado ningún arrepentimiento ni vergüenza por los años en que fue el gobernante despótico y absoluto del Tibet, cuando la mutilación, las amputaciones y los azotes eran un castigo común, manteniendo un estado feudal con esclavitud y servidumbre no pagada (no sólo a los señores feudales, también a los monjes, vagos profesionales situados en la cumbre de una sociedad lamentable).

Y hablamos apenas de 1959, cuando salió del Tíbet. Por el contrario, el actual Dalai Lama ha contado sin cesar (muy sonriente, siempre) que el Tíbet bajo su gobierno era una especie de paraíso terrenal, cuando los hechos históricos lo desmienten.

El Dalai Lama pasa revista a las tropas de la brigada montañesa
de la guerrilla tibetana en 1972.
El Dalai Lama también fue cabeza y promotor de la guerrilla budista tibetana "Defensores de la Fe", apoyada por la CIA, durante casi 20 años. Yo estoy de acuerdo que en muchos casos la ocupación militar, sobre todo si hay una persecución ideológica y una actitud odiosa (como la ocupación nazi de Europa) debe ser respondida con resistencia popular y, en su caso, guerra defensiva. Soy un admirador de la resistencia francesa y holandesa contra los nazis, en concreto, y de todas las demás en general. Pero no soy un pacifista total ni radical, y Tensin Gyatso, el Dalai Lama, sí se presenta como un defensor de la no-violencia radical. En esa calidad le dieron el Nobel de la Paz y en su discuso afirma su no-violencia llamándose de paso "un simple monje del Tíbet", lo cual suena muy bonito pero es mentira descarada. Era un monarca absoluto y es un hoy un líder político incuestionado e incuestionable.

Y, para remate, él y su gobierno han defendido incondicionalmente el desarrollo del programa de armas nucleares del gobierno de la India.

El Dalai Lama con el nazi chileno Miguel Serrano.
Sin contar su relación con neonazis tipo Jörg Haider y el chileno Miguel Serrano, antisemita que afirmaba que Hitler era un avatar del dios Vishnú.

Ahora que se finge demócrata, mantiene una corte de vagos monumental con el dinero de sus fieles, el Gobierno Tibetano en el Exilio es encabezado por el Dalai Lama sin posibilidad de que alguien lo sustituya, claro, y está lleno de parientes suyos que cobran guapos sueldos.

El gran riesgo, por supuesto, es que algún día el Tibet se vuelva independiente de China y, en lugar de emprender su camino, caiga de nuevo en las garras de la aristocracia y la teocracia tibetanas, que querrán recuperar lo que era suyo, incluida la gente, claro.

Y no me puedo quitar de la cabeza que el Dalai Lama sabe que está embaucando a todos: seguidores (tibetanos o de Hollywood), mandatarios mundiales, autoridades internacionales y medios de comunicación incapaces de cuestionar a su figura, que ha acabado siendo más intocable que el papa católico mismo.

Hay muchos datos, algunos de los herejes Shungden que deben tomarse con cautela porque son ferozmente enemigos del Dalai Lama, pero las fotos son al menos motivo de reflexión. Y mucho que no es de los Shungden:

http://www.westernshugdensociety.org/photos/dalai-lama-with-fighters/
http://www.permanentrevolution.net/entry/2346
http://www.michaelparenti.org/
http://www.salon.com/1998/07/13/news_79/
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2008/may/29/downwiththedalailama
http://www.westernshugdensociety.org/
http://www.theage.com.au/news/business/behind-dalai-lamas-holy-cloak/2007/05/22/1179601410290.html
http://skeptoid.com/episodes/4111
http://www.skepticblog.org/2009/03/15/dalai-lama/
http://youtu.be/fYEOSCIOnrs
http://www.newyorker.com/arts/critics/books/2008/03/31/080331crbo_books_mishra
http://godknowswhat.wordpress.com/2009/04/09/the-dalai-lama-saint-or-sinner/
http://buddhismandcriticism.blogspot.com.es/2012/04/two-faces-of-dalai-lama-mittwoch-6.html

El señor de las moscas

Me preguntan sobre la teoría detrás de la novela El señor de las moscas de William Golding.
Fotograma de la adaptación de 1963 de la novela de Golding,
con los niños convertidos en salvajes de caricatura.
El señor de las moscas es una novela del premio Nobel de literatura William Golding que tiene como premisa que el ser humano es esencialmente una bestia inmoral apenas contenida por la civilización por medio de la opresión. La historia es de un avión que cae en una isla y sólo sobreviven niños o preadolescentes que inmediatamente caen en una espiral de brutalización, de salvajismo y de ambición, dividiéndose en dos grupos que se comportan como tribus de cavernarios de película de serie B de los años 50, matándose entre sí, torturándose y destruyendo el bosque con un incendio.

Es como la imagen en espejo del buen salvaje de Rousseau. Rousseau pensaba que el ser humano tenía un origen bucólico, pacífico, forestal y bailarín, como el paraíso de los ecologistas New Age, y que había sido de alguna forma corrompido por el conocimiento (o sea, creía en un mito similar al del Génesis) y que la civilización lo embrutecía, de modo que había que rechazar el conocimiento y la ciencia para recuperar nuestra pureza interior. Ambas posturas me parecen profundamente idiotas.

El ser humano no es ni lo uno ni lo otro, es un ser muchísimo más complejo con capacidad de ser muy bueno y muy malo, pero en los extremos. La mayoría es simplemente gente buena con sus mezquindades y defectos, pero que no suele matar a sus congéneres ni torturar a nadie ni cosa similar.

He contado que esto me llevó a un enfrentamiento hace como 20 años con Margarita Landi, la famosa reportera de sucesos, con la que me pusieron en una inesperada mesa redonda nocturna en Corvera de Asturias.

Yo no sabía quién era esa señora, era la primera o segunda vez que venía a España a la Semana Negra, invitado por mis novelas policiacas, y me molestó que esa dama que fumaba pipa dijera que el ser humano era un asesino por naturaleza. Cuando fue mi turno para hablar le pregunté cuántas personas de su familia habían matado a alguna persona. Se indignó muchísimo y dijo que en su familia no había asesinos. Le pregunté entonces que cuántos asesinos había entre sus amigos y compañeros de trabajo, cosa que tampoco le gustó y negó vigorosamente que hubiera asesinos en su entorno. Comenté que yo tampoco conocía a asesinos en persona, salvo a uno que vi fugazmente un día, ya anciano, y con base en ello argumenté que ella se equivocaba en su pomposa y llamativa frase porque la mayoría de los seres humanos no habían asesinado a nadie nunca, y que su visión era limitada, escandalosa e injusta.

Lo único que atinó a decir, muy molesta fue que cómo me atrevía yo a contradecirla, si ella era famosa.

14.12.13

Una niña en Notre Dame

(Visitando París, un día de noviembre.)

Paseo por la girola de Notre Dame. Es domingo y misa de 12:00. En una de las capillas, frente a algún muerto añejo o un santo descascarado por el tiempo, en una silla junto a sus padres, una niña rubia, de 7 u 8 años, reza fervorosamente, las manos unidas, los ojos cerrados, buscando conectar con una fuerza sobrenatural.

Pienso que a alguno le parecerá enternecedor que una niña pequeña exhiba tanta dedicación religiosa. A mí me parece estremecedor. Tanta dulzura invertida en una mentira cruel, contada minuciosamente por su entorno, sus padres... Tanta libertad cortada sin florecer, tanta luz ensombrecida en una niña sin culpa de que quienes a su alrededor crean que nació sucia de un pecado horrible, un pecado original que la vuelve culpable por haber nacido.

Yo creo en su libertad. Y no puedo cree en su culpabilidad. Creo en su luz, no en las tinieblas del miedo destilado de supersticiones inútiles.

La niña le confía sus deseos a un dios que nadie ha visto. Yo me limito a desear que no se le cuenten mentiras sangrientas a los niños y que ya no caigan de rodillas ante las tinieblas.

No es mucho pedir.

¿Obsolescencia programada?

A pregunta de si creo que la obsolescencia programada es una teoría de la conspiración o un hecho.
La obsolescencia programada sólo es posible en ausencia total de competencia y dentro de una conspiración perfecta. Su mayor fracaso fue, por supuesto, el cártel Phoebus, que es la adoración de los conspiranoicos: una serie de fabricantes de bombillas o focos eléctricos se pusieron de acuerdo en 1924 para reducir costos de producción, subir precios y limitar la vida útil de los focos a 1000 horas. En 1924 hacer esto no sonaba tan descabellado, pero su inviabilidad se hizo evidente cuando otro grupo de fabricantes, la Luma Co-op Society, formada por cooperativas del Norte de Europa y Gran Bretaña, empezó a producir y vender bombillas más duraderas y más baratas. (Las cooperativas de Luma siguen activas, con el nombre de The Co-Operative Group, una maravillosa cooperativa británica propiedad de siete millones de consumidores.)

¿Qué hace la industria realmente? Los productos más baratos posibles (no siempre los precios se relacionan con el costo de producción, en la fijación de precios se consideran muchas otras cosas, principalmente cuánto es lo más que el consumidor está dispuesto a pagar por los productos), con la duración más razonable considerando entre otras cosas las modas, los avances tecnológicos, los cambios en gustos, etc.

¿Se puede hacer un refrigerador que dure 50 años? Sí, se puede, industrialmente existen. ¿Cuánto le costaría a una familia? Un dineral, sería un artículo de lujo. ¿Y si hay nuevas leyes para reducir los clorofluorocarbonos, reducir el gasto eléctrico, sistemas antibacterias, controles computarizados, nueva tecnología? Pues la familia que compre uno de los refrigeradores de 50 años tendría que verlos pasar con su refrigerador de 1980 porque sería costosísimo comprar otro. Si yo veo a un fabricante haciendo refrigeradores que duren 50 años a un precio delirante con materias primas de primera y sobrándose, y yo sé que las familias cambian de refrigerador razonablemente cada 8,5 años, es lógico, no malévolo, que yo trate de hacer y venderles un refrigerador más barato ahorrando lo posible en costos, con el mejor diseño y tecnología actuales, y que dure unos 10 años máximo. No se diseña para la perfección, sino para la lógica de uso.

El diseñador Ferdinand Porsche tenía una frase que viene al caso aquí. Decía que el automóvil de carreras perfecto sería uno que se cayera en pedazos al cruzar la meta. Es decir, el que usara al máximo de sus capacidades todos sus materiales y diseño. Un auto de carreras que puede seguir funcionando tiene un claro desperdicio respecto de su objetivo original: ganar una carrera.

El iPhone 3 funciona bastante bien. No puede ejecutar las apps más nuevas, pero ¿por qué iba alguien a querer las apps nuevas? ¿Por qué no conformarse con las que tenía cuando todas se hacían para él? Hay teléfonos de 2005 que funcionan muy bien para llamar por teléfono. Pero casi nadie los quiere. Queremos el iPhone 5 porque su funcionalidad nos ayuda al trabajo y a la diversión, a estar en contacto con nuestra gente, o porque nos gusta, que es un derecho innegable. Nadie nos obliga a comprarlo, los productos anteriores no se han caído a pedazos como el coche ideal de Porsche. Quejarse de "me manipulan para comprar" es un poco bobo en esos términos.

Así que sí, los productos no se diseñan para que duren todo lo que pueden durar, pero esto no se debe a malevolencia sino a estrategias comerciales diversas. Cualquier fabricante que abuse (esto lo aprendió Apple casi tardíamente) es presa fácil de otro fabricante más listo, que esté dispuesto a abusar menos para ganar más, es decir, que en vez de ganar 100 dólares por cliente vendiéndole a un millón de clientes esté dispuesto a ganar 50 dólares vendiéndole a 10 millones de clientes. En 1924 controlar eso parecía bastante más fácil, hoy, con una economía globalizada, tecnología en evolución acelerada, surgimiento y caída de empresas porque voló la mosca, parece casi imposible de establecer y menos de sostener a largo plazo.

Casos como el del cártel Phoebus ayudaron además al surgimiento de los movimientos de defensa del consumidor, las legislaciones sobre calidad, las normas internacionales, etc. Sin ser perfectos, todos estos elementos sirven para controlar, salvo excepciones, los más voraces instintos capitalistas. Y quienes fabrican con "obsolescencia programada" pueden acabar frente a los jueces. Precisamente por eso el neoliberalismo tiene como su principal bandera la "desregulación", es decir, que la sociedad deje de legislar cómo deben producir, etiquetar, validar, anunciar y comercializar sus productos, para poder ser mucho más abusivos de lo que son.

Que si lo son, pero en general tanto como el taxista que le da al turista una vuelta por la ciudad para sacarle unos billetes más, o el comerciante que miente en el peso, o el camarero que te mezcla restos de botellas y te los vende como una botella de vino recién descorchada. Que hay ambición, picardía, malevolencia y a veces incluso psicopatía es innegable, pero de allí a decir que los productos de los que disfrutamos no sirven para nada y que todos los fabricantes son unos guardias de campo de concentración media un largo trecho que se interna en el terreno de la irracionalidad.

La idea conspiranoica de la obsolescencia programada no tiene en cuenta ninguno de estos elementos y ninguno de los avances, insuficientes pero reales, que se han logrado desde principios del siglo XX en la defensa de la sociedad. Como suele darse con los movimientos contraculturales, sobresimplifica para no enredarse en complejidades, deshumaniza al adversario, omite datos, selecciona lo que le da la razón e ignora lo que no, y cae en falacias que en nada ayudan a mejorar lo que está mal... y a veces, incluso, son la coartada perfecta para el neoliberal cavernario que se queja de lo mal que lo tratan.

12.12.13

¿Volvamos a las velas?

Alguien me ha comentado que con los precios abusivos de las eléctricas, lo ideal sería volver a las velas. Una bonita idea que no tiene en cuenta, claro, que los televisores a velas no han encontrado aún un mercado sólido como para venderse en las tiendas.

Pero hablando sólo de iluminación, metí las narices por ahí y el resultado es interesante.
  • Precio medio del kW/h en España: 0,11€
  • Una bombilla o foco de 75 W gasta 1 kW/h en 13 horas. A menos de un céntimo la hora.
  • Una bombilla o foco de 75 W emite 1100 lúmenes.
  • Una vela estándar emite unos 13 lúmenes.
  • Para tener 1100 lúmenes se necesita encender 85 velas
  • Cada vela dura 6-7 horas. Para tener 1100 lúmenes durante 13 horas se necesita encender 170 velas.
  • Si cada vela cuesta 0,20€ (creo que son más caras), 170 velas cuestan 34 euros.
  • 1 hora de iluminación de 1100 lúmenes con electricidad menos de 0,1€ y con velas 2,61€
Sin contar con los riesgos de tener 85 velas encendidas por la habitación en cuanto a monóxido de carbono, riesgo de incendio, agotamiento de oxígeno...

¿No podríamos pensar un poco nuestras propuestas?

Rechazar la vida moderna

Un fotógrafo se va a registrar la vida de algunos héroes del neoprimitivismo, hombres y mujeres que han dado la espalda a las comodidades, ventajas, productos, sistemas, beneficios y horribles maldades de la vida moderna para vivir "fuera de la red" (off the grid).

A mí me llamó una foto y la comento, sin ánimo de afectar el copyright del fotógrafo en cuestión, sino haciendo uso del "fair use" que permite reproducir una parte de una obra a efectos de comentario, editorial, reseña o crítica.


El maíz tradicional

La idea es ésta.

1. Hay una serie de variedades más o menos antiguas (y no tanto) de un cultivo (digamos, el maíz) que son tan poco productivas que mantienen a los campesinos en la miseria y motiva que un país que depende del maíz para su alimentación (como México) tenga que importar el 43% de todo el maíz que se comen sus habitantes. (Obviamente hay otros muchos factores económicos y políticos, pero que para esta historia no son relevantes porque se mantienen constantes en todos los casos.)

2. Las semillas de gran cantidad de estas variedades ya son vendidas a los agricultores por empresas, algunas multinacionales, pues muchos agricultores no tienen los medios necesarios para "guardar semilla" en condiciones adecuadas de humedad, temperatura y protección contra plagas, desde hongos hasta roedores.

3. Hay nuevas variedades de maíz que son más productivas por hectárea, necesitan menos pesticidas (porque producen los propios, por ejemplo), son más resistentes o tienen el mismo valor nutritivo. Su seguridad se ha demostrado en miles de estudios y durante 35 años de su consumo.

3. Comprar las nuevas semillas significa pagar a empresas multinacionales, pero mucho menos que el dinero que cuesta comprarle a otras empresas igualmente multinacionales el maíz para la comida diaria de los mexicanos.

4. Lo que hay que hacer, me dicen, es prohibir las nuevas variedades en nombre de la tradición y mantener la dependencia alimentaria obligando a los campesinos mexicanos a seguir sembrando semilla poco productiva y que necesita muchos pesticidas, mientras se gasta el dinero en importar maíz pues eso satisface a presuntos ecologistas la mayoría de los cuales en su vida han pizcado una mazorca de maíz ni han pisado una milpa.

¿Me explican? Gracias.

* * * 
Nota: Por supuesto, los lugares comunes que ya se ha demostrado que son falsos no sirven para la explicación. Si usted no se ha enterado porque la única "información" que le llega es de los ecologistas que no han pisado una milpa, revise, para empezar nada más:

Rosa Luxemburgo


Antes que te vayas, Benedicto

Mi despedida a Benedicto XVI al anunciarse su jubilación. Publicado el 12 de febrero de 2013. Las peticiones se trasladan mutatis mutandi al Papa Paco.
Benedicto, ya que te vas, y te quedan unos días para hacer maletas (no vas muy lejos), hay un par de pendientes a los que quizás les podrías prestar tu atención, si no es mucha molestia.

Ya sabes que San Pablo/Saulo de Tarso odiaba a las mujeres y como que organizó toda la iglesia contra ellas y acusándolas de todo y cosas que hacen suponer que tenía ciertos problemas. Pero eso es el pasado, pelillos a la mar. Hoy, en febrero de 2013, sería un detalle de caballero que le devolvieras su dignidad a las mujeres, aceptando que ni son inferiores, ni llevan al pecado, ni son las culpables de la expulsión del Edén ni tienen la obligación de parir incesantemente hijos pues pueden disfrutar otras satisfacciones.

Puestos en esa tesitura, de un plumazo puedes devolverle también su dignidad a los homosexuales y otros miembros de la comunidad LGBT. Basta que digas "son diferentes, pero no hacen nada malo", y les vas a ahorrar muchos ratos corriendo frente a bandas de ratas neonazis que dicen inspirarse en el Vaticano. ¿Cómo ves?

Y decir que en realidad ni a ti ni a dios les importa un pito si se casan o no, mientras se quieran y se respeten. Suena supercristiano y se supone que tú eres el supercristiano aquí, ¿no?

Si sigo pidiendo, dirás que parece que tengo boquita de fraile, pero son las influencias del Opus Dei en el que milité de modo breve pero intenso. Así que pediría también que te pases por Campo DiFiore, que está a unas 15 calles de donde vives tú y seguro te llevan en la vitrina ésa con ruedas que usas. Allí, te acercas a la estatua de Giordano Bruno y le pides disculpas por quemarlo en la hoguera. La oportunidad sería maravillosa también para pedir perdón, en voz alta, que se oiga, a los varios miles de personas que la Inquisición quemó, desolló, ahorcó, torturó y de otras formas les arrancó su dignidad.

Por pedir, pues una cosilla más, pequeñita, para los pequeñitos, y para los que hoy siendo mayores sufrieron de pequeñitos, ¿qué te parece pedir perdón a todos los niños violados, aterrorizados, depredados y deshumanizados por la bestialidad de tu ejército de célibes que no lo son tanto? Perdón y un juicio justo a los monstruos que les arrancaron la niñez, ¿no sería un regalo agradable para recordarte con cierto cariño o respeto?

Y si vas a descargar tu conciencia, podrías hacer miles de cosas más que se me ocurren, pero te las voy a dejar en dos sentidas peticiones: que denuncies al mundo los crímenes de desprecio a la humanidad de Teresa de Calcuta y que confieses pública y humildemente, que dios no habla contigo y que vas tan a ciegas como todos los demás que quieren encontrar inspiración en fantasías diversas.

O quizá eso último ya es pedirte mucho. Me conformo con los puntos previos.

Buena jubilación, que no te faltará nada, estoy seguro.

M.

La izquierda que yo quiero

Quiero una izquierda con el valor necesario para defender la biotecnología y la energía nuclear con base en los estudios científicos que existen abundantemente, no que se declare antitransgénica y antinuclear porque gana votos y parece guay y además se puede aliar con algunos u otros "verdes".

Quiero una izquierda con el valor necesario para defender abiertamente los valores de la ilustración, los derechos humanos y la dignidad de mujeres, niños, homosexuales, ateos y disidentes en el mundo islámico, en el mundo budista, en el mundo mormón, y que no se agote en comentar si el papa les parece un poco más light o un poco menos.

Quiero una izquierda con el valor necesario para denunciar las pseudociencias y promover la investigación científica sin caer en el truco neoliberal de aliar la ciencia al "desarrollo" y a la "innovación" y los "emprendedores", sino con la convicción profunda de que la investigación científica por sí misma genera riqueza.

Quiero una izquierda que no defienda ningún tipo de represión para conductas o acciones que no sean dañinas directamente para terceros y que tenga la inteligencia para buscar soluciones a los problemas más allá de "prohibir, prohibir y prohibir", respetuosa del hecho obvio de que una sociedad no puede ser libre si no son libres los individuos que la componen.

Quiero una izquierda capaz de enfrentar a todos los nacionalismos, a todos, como proyectos de derecha que dividen a los trabajadores a lo largo de líneas ficticias, en lugar de unirlos por sus intereses sin importar su color, su idioma o su absurdo orgullo fantasioso de que son mejores porque alguien en el pasado nació más o menos en las mismas coordenadas geográficas, como si mágicamente todo vienés tuviera el espíritu de Mozart.

Quiero una izquierda capaz de movilizarse desde las bases en favor de reivindicaciones concretas en vez de pasarse años planeando todo para cuando se consiga tomar el cielo por asalto. La historia de "no hagamos nada para agudizar las contradicciones del sistema" ya se demostró idiota durante más de 100 años, y no verlo es absurdo.

Quiero demasiadas cosas, parece. Porque esto ya se hizo largo y me falta mucho, mucho...

Mi perro no es una persona

Mi perro Teko Jones, especialista en medicina homeopática
según certificado emitido por Boiron USA.

No necesito pensar que mi perro es persona para quererlo. Es un perro, actúa como perro, ve el mundo como perro. Puedo entender algunas cosas de su visión como para establecer comunicación, hacer que tenga conductas deseables y enseñarle cómo evocar en mí conductas deseables. Pero es un perro. Todos queremos distinto a distintas personas: una pareja, un primo, un padre, un amigo, alguien que nos atrae físicamente... no tratamos de igualarlos a todos, sino que los queremos de modo distinto.

Mi perro es mi amigo, es mi compañero, cuida a Marta, pide cariño... no tengo derecho a pedirle que sea más que un perro ni a hacer numeritos de dama entrada en años con carencias emocionales y disfrazarlo de Marlene Dietrich o de Marlon Brando. Sólo puedo esperar a que sea un buen perro. Un buen tipo, un personaje entrañable, un miembro de mi familia... pero un perro.

Antropomorfizar a nuestros animales es triste. Primero porque les dice que si no cumplen nuestra irracional expectativa de ser humanos, no los vamos a querer. Segundo, le quitamos valor a lo que son como animales, perros, gatos, caballos, conejillos de indias, y les decimos que así, simplemente, no tienen derecho a esperar cariño. Caricaturiza al animal y caricaturiza a los demás seres humanos que nos rodean. Y de paso muestra la limitada riqueza de nuestras emociones.

No los queremos menos por no ser humanos. Los queremos distinto. Y así se ha forjado una complicidad de miles de años. No interfieran con su curso normal.

Minicartel

Los chicos de "soy ateo y qué" hicieron esto. Se agradece.


La malversación de la arroba

Preguntan qué opino sobre la práctica alternativista pachulí de usar "x" o "@" como sustitutos de las vocales que pueden denotar un género gramatical, por ejemplo, "alumnxs" o "alumn@s" que se pronunciarían "alumnos y alumnas" o "mesxs" y "mes@s" que, por supuesto, serían "mesas y mesos", esto con objeto de promover la equidad de género.
Que es una enorme estupidez que confunde lo superficial con lo profundo y para remate exhibe un desconocimiento total del idioma.

Empiezo por el final: el género gramatical no tiene nada que ver con el sexo ni con los cromosomas X e Y. Yo soy una persona y sería de una estupidez sublime que exigiera que me llamaran "persono" para denotar que soy hombre porque "persona" es epiceno. Como "pantera". No existen las panteras y los panteros. Ni las jirafas y los jirafos. "Compañeros", "alumnos", "políticos", "niños" y "gilipollas" no denotan sólo a los del sexo masculino, sino que denotan a todos y buscarle otra interpretación es perder el tiempo.

El lenguaje es producto de las relaciones sociales. Lo que busca un movimiento como el de la igualdad o equidad de género es un cambio en las relaciones sociales que impida las desigualdades patentes, como la culpabilización de la mujer cuando es víctima de ataques sexuales o el hecho de que en algunos lugares todavía una mujer cobre menos por el mismo trabajo de los hombres, o que las mujeres tengan menos oportunidades escolares que los hombres, o que se espere de ellas que sean máquinas reproductoras y poco más, etc.

Cambiando el lenguaje con presiones policiacas tan del gusto del alternativismo pocoseso no se cambian las relaciones sociales. Pero si primero cambian las relaciones sociales, si se opera una alteración eficaz en lo político, lo económico y lo social por medio de un activismo inteligente y serio, el lenguaje probablemente cambiará como consecuencia de ello. Hoy en cada vez más lugares, por ejemplo, "maricón" es rechazado como insulto o como denigración, y es precisamente donde los homosexuales han avanzado en el reconocimiento de su igualdad de género.

Y otra cosa: en este mundo de computadoras/ordenadores, lo único que hace el rejuego de la x y la arroba es joderle la vida a los ciegos que dependen de programas lectores de texto, que no saben leer "compañerxs" ni "compañer@s". El uso de la "e" no tiene este problema, pero ello no lo hace menos tonto. Acabas teniendo _tres_ géneros gramaticales más falsos que un billete de tres euros. Los abogados, las abogadas y les abogades (que, por cierto, en asturiano es el femenino: "les botelles" significa "las botellas")... y luego otro cocohueco pedirá "lis abogadis" para los más pequeñitos.

Realmente la idea que me deja a mí es que hay mucho pequeñoburgués inquieto con demasiado tiempo libre, demasiado cabreo mal dirigido y demasiada poca información, y que se va a lo episódico porque lo complejo de los problemas reales desborda sus limitadas visiones de brocha gorda. Y el problema de la igualdad de géneros y del trato entre géneros de modo que se consiga finalmente una situación equilibrada, justa, suave, sencilla y no represiva, sin excesos de ningún lado es MUY complejo. Mucho.

11.12.13

La maldita tele


Derechos indígenas y colonización

El síndrome Bartolomé de las Casas: los indios nos necesitan para que los defendamos.
(Cuadro de Félix de la Parra. Imagen vía Wikimedia Commons.)

Me preguntan: ¿Cómo se lleva el tema de las tribus indígenas? Por un lado, no tienen acceso a los derechos fundamentales (y quizás quieran seguir así) y, por otro, puedo quedar como un colonizador por pensar que hay que escolarizar, vacunar, emancipación de la mujer...)

"Quizás quieran seguir así"... Mmmmmm... ¿Y si les preguntamos?

En 1975 me encontraba yo, con 20 añitos, estudiando antropología en la ENAH de México (cuando todavía estaba en el primer piso del Museo Nacional de Antropología, un lujo) y ya entonces me parecía que quienes clamaban contra la "aculturación" del indígena tenían varios problemas graves. Primero, claro, que ellos disfrutaban de las comodidades, atención médica, lujos y bienestar que despreciaban. Segundo, que su visión de la vida indígena era bucólica, pastoril y clasemediera hasta las lágrimas. Tercero, que al final le estaban haciendo el juego a las instancias de dominación de los indígenas que aprovechaban la miseria, la ignorancia, la enfermedad y la indefensión del indio para controlarlo (los finqueros de Chiapas son un ejemplo de libro) y estaban negándole derechos fundamentales.

La visión general del indígena tipo "buen salvaje" á la Rousseau es propia de todo el movimiento neorromántico y contracultural de los 60-70, que incluyó el revival de la música folklórica latinoamericana –me declaro culpable de haber sido parte de él–, el hippismo, el neoprimitivismo y la neofobia que se han apoderado de la izquierda. Es una visión que considera que toda forma de conocimiento generada por el occidente blanco carece de validez debido a la predominancia político-militar del occidente blanco y sus prácticas colonialistas. La falacia es evidente, los gobiernos de Estados Unidos pueden haber sido tan depredadores como Napoleón Bonaparte, pero ni la ciencia francesa de principios del XIX ni la de Estados Unidos hoy son por ello depravadas ni rechazables ni inherentemente malévolas.

Sin embargo, esta visión permea toda la pose antisistema y contracultural: la medicina es malvada, la ciencia es sospechosa, el plástico debe ser malo, las ciudades son asquerosas, la tecnología nos aliena, nos manipulan, nos controlan... mientras que el indio vive en armonía con la naturaleza, es moral, apacible, sensato y noble, y tiene contrapartes válidas para todas las abominaciones de occidente.

Su único problema es que no es verdad, claro. Ni los logros de la ciencia son despreciables ni malévolos ni el indígena (americano, africano, asiático) tiene tales niveles de sabiduría. Todo el constructo rasta al respecto está fundamentado en una profunda ignorancia de la realidad del conocimiento pero, sobre todo, de la realidad de la vida indígena, idealizada hasta deformarla totalmente.

Sólo por poner un ejemplo, los yanomani que tienen tanto cartel entre los contraculturales blancos tienen una expectativa de vida de unos 37 años, vividos con parásitos intestinales y malaria recurrente. Las mujeres, que son casadas por conveniencia sin tener en cuenta sus opiniones, tienen la menopausia a los 25 años, de modo que entre los 20 y los 25 se intenta que tengan 5 o 6 hijos. ¿Aceptarían vivir así alguna gentil feminista de Equo o un rastacontra que se desgañiita en las asambleas del 15M? Ni de coña. A lo mucho se hace turismo solidario, se va uno a mirarlos con compasión tres meses (previo tratamiento con quinina, claro) y a sentirse "encontactoconlamadretierraylonatural" y luego se vuelve a donde hay agua corriente, electricidad, uvimóviles y frutas sin gusanos.

O sea, vivir como viven "ellos" está bien "para ellos" porque su destino ha quedado escrito en piedra por su accidente geográfico y cultural. Ellos nacieron allí, allí tienen que quedarse. Es su lugar, y no tienen por qué ocupar el lugar del blanco ni tener reproductores MP3, vacunas contra la polio ni conocimientos de física.

¿No suena muchísimo a ese rollo de los racistas blancos estadounidenses de que "los negros tienen que saber cuál es su lugar y no moverse de él"? A mí mucho.

Los indígenas (como los yanomani o yanomamo) se resisten a la invasión occidental porque los depreda, claro, y allí merecen todo el apoyo. Pero resistirían mejor con mejor salud, más conocimientos y mejor tecnología. Y no es que lo diga yo, es que en los años 70-80 un jefe yanomani se hizo famoso por haberse hecho de una cámara de vídeo con la que registraba las promesas de los gobernantes brasileños para que no le salieran con que no habían dicho tal o cual cosa. ¿Tenía derecho el jefe a usar una videocámara? ¿Y tiene derecho a saber de historia, astrofísica, medicina o geología aunque se opongan a sus creencias tradicionales o debemos obligarlo a mantenerse en la ignorancia? ¿Y tiene derecho a querer usar pantalones vaqueros o escuchar a Nine Inch Nails en un iPhone y tomarse una cocacola o eso ya es una frivolidad "en ellos" (en nosotros es natural, claro)? ¿Y sus mujeres (son polígamos) tienen derecho a votar en las cosas de la tribu, a no ser casadas por alianzas políticas, a no follar si no quieren y a follar con quien quieran libremente? ¿O eso sólo vale si naciste en Utrecht y eres del Partido Verde?

Los indígenas no eligen sus tradiciones ni su condición de vida libremente, que es lo menos que quienes tienen conocimiento y una visión moral de los derechos humanos fundamentales deberían luchar por darles, y que hagan con ello lo que ellos quieran. Pero los contraculturales parecen decididos a mantenerlos en esa situación porque se ven tan ecológicos viviendo con taparrabos y matándose en guerras con lanzas (sí, la guerra es parte esencial de las tradiciones yanomamo, pero son más guay que las que hace Estados Unidos porque son tradicionales y milenarias) y muriendo de enfermedades prevenibles...

Me recuerdo en febrero de 1986 haciendo unas fotos para una comisión de erradicación del gusano barrenador del ganado. Había estado en la fábrica de moscas estériles de Tuxtla Gutiérrez y en los campos aéreos donde estaban las avionetas que lanzaban las moscas estériles para evitar la reproducción del milenario y tradicional gusano barrenador del ganado. Estaba en una estación sanitaria en el Istmo de Tehuantepec donde se daba un baño insecticida obligatorio al ganado en pie que se mandaba en camiones del sur al norte del país, para impedir que llevaran huevos viables de gusano barrenador. Durante varios días no pasó ningún camión, así que nos aburríamos soberanamente con un clima bastante desagradable, y pasé una noche hablando con dos vaqueritos, adolescentes indígenas empleados en la estación como única opción para ponerle comida en la mesa a sus familias, emocionadísimos porque podían hablar con alguien de su pasión: la exploración espacial y lo que había pasado un par de semanas antes, cuando estalló el Challenger durante su lanzamiento. ¿No tenían derecho a estudiar astronáutica porque, siendo indios, tenían que desempeñar el papel que les habían asignado los blancos de uno y otro lado?

Yo no tengo duda alguna en que los indígenas tienen derecho al conocimiento y a la libertad, y no veo cómo se puede argumentar que la ignorancia y la esclavitud son derechos superiores y que deban ser defendidos por la izquierda. O por algún ente perverso, ignorante, irracional, anticientífico, pleno de odio y arrogancia que se llama de izquierda por alguna causa que no atino a desentrañar.

Si después de tener el conocimiento y la libertad para elegir, los indígenas optan (cada uno de ellos individualmente, claro, no en asamblea) por mantenerse en la situación infernal en la que se encuentran en la actualidad, es perfectamente respetable, por supuesto. Ni sus opresores ni sus autoproclamados salvadores urbanos (tanto nacionales como transnacionales, por supuesto) les han dado nunca esa libertad, claro.

No lo puedo asegurar, pero creo que los que opten por quedarse como están serán una minoría. Y tampoco lo puedo asegurar, pero me dará mucho gusto que los rastapijos que toman café de Starbucks en Madrid o en París sientan que "esos putos indios los han traicionado a cambio de las frivolidades del asqueroso occidente".

Y espero que los indios, además, les escupan la cara por haber sido instrumentos de su humillación continuada. Yo estaré allí, aplaudiendo.

(Algo sobre el tema del racismo de izquierda con relación a los zapatistas y a Marcos escribí hace muchos años en Ciberoamérica por si sirve)

Por qué soy ateo

(Publicado originalmente en inglés.)

Nací ateo, como todos los niños.

 Mi gran y muy católica familia se impuso la misión de cambiar esto, suministrándole a mi vida sacerdotes, referencias religiosas y abundantes visitas a iglesias. Pero al parecer mi caso era especialmente virulento y todo el concepto de lo sobrenatural me siguió pareciendo increíble.

Vivíamos frente a una iglesia y me recuerdo de 8 o 9 años de edad, cruzando la calle y entrando por mi cuenta, imaginando cómo sería creer. La gente parecía disfrutar de experiencias profundas, rezándole a santos y vírgenes de madera y yeso, exhibiendo expresiones místicas después de la confesión, con todo y ojos soñadores. Pero yo no podía. Se sentía simplista, falso y difícil de tragar.

A los 16 años, después de una fragorosa discusión con mi sacerdote acerca del problema evidencial del mal (un nombre del que no estaba consciente en aquél momento, claro), respecto de las atrocidades contra los niños de Biafra y Vietnam, finalmente le dije a mi familia que sus esfuerzos habían sido en vano: no creía en su dios, ni en ningún otro. Nunca lo superaron.

Para mi fortuna, por aquél entonces encontré los escritos de Bertrand Russell. Un hombre enormemente más inteligente y respetable que yo había tenido ideas en la misma línea, y de modo más riguroso, y con gracia académica y razonamiento sólido. Era reconfortante. Fue mi primer amigo ateo. Muchos vinieron después, afortunadamente no todos (de hecho, ninguno) en la forma de filósofos británicos ancianos.

Después pasé tiempo y algunos cursos de filosofía examinando la evidencia en favor de la religión y el teísmo. Ya no era un asunto de "no puedo creerlo", sino que se convirtió en una cuestión de "¿qué pasa si hay algo allí realmente y sólo estoy siendo un asno necio?" Observé a las religiones y a la espiritualidad de varias formas, y tuve los devaneos obligatorios en la década de 1970 con lo paranormal. Luego concluí que mi ateísmo nativo no carecía de bases.

Después el asunto se complicó y me convertí en un racionalista militante, pero ésa es otra historia.

Contra el aborto

¿Quieres acabar con el aborto? Reparte anticonceptivos, educa sexualmente, celebra la libertad sexual de la mujer.

Ah, que tampoco...

Ciencia y conciencia

(Publicado el 21 de marzo de 2011)

Hay algo levemente patético en algunos de los más nobles sueños de ciertos sectores cuyas buenas intenciones son tan enormes como su desapego de la realidad, los hechos y el conocimiento. Como llenar las ciudades de ciclopistas donde un pequeño puñado de ciudadanos se sientan bien un rato aunque basta pensar un poco para darnos cuenta de que la bella y buena bicicleta no puede realmente hacer nada por resolver los problemas del transporte masivo de personas, ya no digamos el transporte de bienes cuyo coste incide fuertemente en el precio final de los mismos.

Lo mismo siento cuando un grupo de buenas personas, nobles y de las que se preocupan por los derechos humanos y la justicia social salen en los informativos porque han puesto un cafecito mono con el mobiliario reciclado: tres neumáticos por acá, latas de aluminio compactadas por allá, seis docenas de botellas de PET en la barra y cosas así. Son de lo más lindo, pero la realidad es que aún si decoráramos así todos los cafés del mundo (con la consecuente aburrición), no consumiríamos ni una minúscula fracción de los desechos que estamos generando. Y generando continuamente.

Lo que a mí me gustaría, soñar es gratis, es ver a esas buenas, nobles, solidarias y concientizadas personas trabajando por desarrollar tecnologías de reciclaje eficiente y de baja huella ambiental, realizando esfuerzos para hacer viable (y de licencia Creative Commons, no de patente como están dejando que sea) la energía de hidrógeno y la fusión nuclear, y mejores y menos contaminantes plantas solares. Verlos estudiando y trabajando para conseguir métodos de producción que gasten menos energía, que sean más eficientes, que consigan que haya productos más ecológicos y baratos para inundar el mundo, y el Tercer Mundo sobre todo, con productos cojonudos para el consumidor, que mejoren la calidad de vida de todos, desde champús hasta ordenadores (además de lo básico, se entiende). Que tengamos conocimientos libres para disfrutar la vida y que ese Tercer Mundo deje de ser el lugar donde el cooperante va con su iPhone y su netbook a poner una bomba de agua y se detiene allí satisfecho para volver al mundo opulento sin pensar que los de la bomba de agua también tienen derecho a iPhones, netbooks, tiempo libre, cine y ropa guapa.